domingo, 14 de octubre de 2018

Pioneros de la fotografía. David Octavius Hill

David Octavius Hill es uno de los fotógrafos que nos ha brindado los mejores retratos que fueron tomados con esta práctica a lo largo del siglo XIX. Había nacido en el año 1802 en la ciudad escocesa de Perth y vivió durante 68 años.


Hill fue un litógrafo y pintor escocés y se acercó a la fotografía porque había recibido el encargo de pintar una obra que debía de incluir a más de 500 personas, de cada una de ellas debería realizar un retrato. El nombre de la asamblea a representar se llamó "The Disruption Assembly" tuvo lugar en 1843 con motivo de la separación de la iglesia escocesa y la iglesia inglesa. Hill debía pintar una obra que representara esta primera asamblea. Para llevar a cabo este encargo debería hacer retratos de todos los miembros. Para ello empezó a trabajar con el fotógrafo Robert Adamson que se dedicaba a realizar calotipos de diferentes personas. Adamson murió en 1848, en esa fecha ambos había recopilado más de 1500 fotografías. Este fotógrafo había trabajado junto a uno de los padres de la fotografía Talbot que será el introductor del calotipo en esta disciplina


Lo que hacía Hill es que cada modelo posara para ellos durante uno o dos minutos sin ningún soporte natural lo que le diferencia de la mayoría de retratos que habían sido tomados con el daguerrotipo, el método más extendido en fotografía. En principio realizó retratos de los miembros de la nueva iglesia pero poco a poco empezó a hacer retratos de otra gente que incluían amigos, soldados, aristócratas bien en solitario o en grupo.
También realizó uno maravillosos retratos de los pescadores de New Haven y sus familias, todos ellos con una actitud relajada y bastante naturalidad. 
La figura de la mujer de los pescadores bajan los ojos de manera que podemos penetrar en su subconsciente y saber como se siente. Se trata de una cara de misterio porque debe posar frente a una máquina capaz de generar una imagen de si misma. Da la impresión de que la figura siente que una parte de su alma se va en ese retrato. Frente a todo el mundo que posa frente a la cámara en estas primeras fotografías la gente demuestra una gran inocencia, timidez y naturalidad.
En las fotos de David Octavius Hill el rostro humano aparece rodeado de silencio, da impresión de que la mirada descansa en cada uno de los retratos. Vamos a destacar las figuras que representa en el cementerio de Greyfiars en Edimburgo. En esas fotos tenemos la sensación de que los modelos están en el salón de su casa en vez de en un cementerio. Todos parados sin ningún movimiento.


domingo, 7 de octubre de 2018

La imagen reprime el valor cultural

La frase que da titulo a esta pequeña reflexión está tomada de otra que escribió el pensador y filósofo Walter Benjamin que dice exactamente que "la exhibición reprime el valor cultural". Vamos a poner un ejemplo de aquello a lo que nos estamos refiriendo.

Una imagen de la Plaza Mayor de Salamanca

Cuando un grupo de turistas entra por primera vez en la Plaza Mayor de Salamanca se sienten sorprendidos por los diferentes detalles que encuentran en ella y comienzan a tomar fotografías. Estas pueden dirigirse a alguno de los cuatro pabellones de la Plaza, a las figuras representadas en las medallas, a lo balcones de las casas que todavía se conservan o bien a que quede reflejado el momento que han estado allí bien con una foto de pareja o con un selfie que incluya una imagen reconocible del lugar. Se trata, siguiendo las teorías de Benjamin, de fotos completamente desprovistas de aura, no tienen intención de perdurar, no son arte sino un instante repetido hasta la saciedad. 
Ahora deberíamos preguntarnos un par de cosas. Primera ¿cuántas fotos iguales vamos a encontrar entre las que se han tomado? La mayoría de las personas que han acudido no tienen una voluntad artística sino que simplemente quieren reflejar el momento. Si buscamos las fotos relativas a la Plaza Mayor de Salamanca ese día en las diferentes redes sociales, nos daremos cuenta que casi todas son iguales, los puntos de vista son muy parecidos y se retrata siempre lo mismo. Es mayor el deseo de documentar el lugar que se ha visitado que buscar el punto de vista diferente que nadie más va a retratar. Muchas veces esas fotografías van a servir para situar a ese persona en un lugar concreto, quizás le ayudan a recordar que es lo que estuvo haciendo allí y cuáles son los lugares por los que pasó. Indudablemente son tantos en tan poco tiempo que muchos de ellos ni siquiera los recuerda, entre otras cosas porque para poder apreciarlos se necesita la suficiente calma que el turismo contemporáneo no proporciona. Los grupos de turistas semejan a rebaños de ovejas que se mueven de un lugar a otro llevados por un pastor que les explica lo que le parece y donde el rebaño no se cuestiona si lo que se dice es o no cierto sino que asume el mensaje dispuesto a continuar al siguiente lugar de visita. 

Una de las fotografías del artistas norteamericano Gregory Crewdson

Segunda de nuestras preguntas  ¿por qué tomamos tantas fotografías? Juan Martín Prada dice en su libro El ver y las imágenes en el tiempo de internet que las cosas solo adquieren valor si son expuestas visualmente. Y tiene toda la razón , si nuestra imagen no aparece en algún sitio de forma continua parece que no estamos haciendo nada, que nuestra vida carece de sentido, porque también carece de imágenes que mostrar. La imagen se ha convertido en un elemento de consumo, sitúa a la gente en un lugar concreto, ayuda a informar y dar a conocer aquello que interesa, no como es tu vida realmente sino solo momentos de ella que se asocian a diferentes actividades lúdicas o laborales. 
El caso es que hoy en dos minutos, como indica Juan Martín Prada, tomamos más fotografías que toda la humanidad en el siglo XIX. Hay tanto material acumulado que resulta imposible que se pueda contemplar todas las fotos que hacemos. Miles de cámaras graban para que esas imágenes nunca serán vistas por un ojo humano. Muchas de ellas quedaran en el olvido, bien porque no son publicadas o bien porque no existen ojos que puedan verlas. Es el sino de nuestro tiempo y va en aumento.

Imagen del fotógrafo contemporáneo Nick Brandt

domingo, 30 de septiembre de 2018

¿Qué es una distopía?

Para definir lo que es una distopía deberíamos tener en cuenta lo que es una utopía porque son palabras opuestas. Una utopía es un mundo ideal, posiblemente irrealizable, que tiene una connotación positiva. Quizás el anarquismo es una utopía, un mundo donde no existe el dinero y la sociedad toma aquello que necesita, alejada por completo del consumo. Literalmente una utopía sería el lugar del bien, así lo describió Tomas Moro al imaginar una sociedad ideal.


La palabra distopía es lo contrario a lo que acabamos de describir. Se trata de una sociedad imaginada, pero que tiene una serie de connotaciones negativas que nos perturban y nos hacen reflexionar sobre la posibilidad de una existencia alternativa en la que tuviéramos que vivir sometidos a una serie de traumas físicos o psicológicos.
Se trata de una sociedad basada en la que tenemos actualmente pero que en algún momento pegó un giro, un cambio que altera el comportamiento que pensamos es normal y lógico.
No solo en literatura donde la obra 1984 de Georges Orwell es un referente o toda la serie de novelas de ciencia ficción que se denominan con el nombre de ciberpunk, sino que múltiples películas o series de televisión se basan en este tipo de sociedades imaginarias. 
V de Vendetta puede ser una de ellas. Se trata de una sociedad totalitaria que controla los medios de comunicación e información debido a la extensión de un virus que fue capaz de matar a gran cantidad de personas. Algunos de los miembros de la sociedad son apartados por su condición y se experimenta con ellos. 


Lo bueno que tienen estas recreaciones es que nos hacen pensar en la situación y sobre todo si existe algo de ello, aunque solo sea una tendencia, que nos muestra algo parecido en nuestra sociedad. Hablamos de libertad en sociedades democráticas pero el poder siempre trata de ejercer el control, es su manera de mantener el mismo. Una sociedad con miedo es muy fácil de manipular, el problema viene cuando la gente empieza a cuestionar el sistema. Los medios de comunicación han jugado un papel esencial en el control de la sociedad, mucho más desde la irrupción de las redes sociales donde es imposible saber que es verdad o mentira, donde una información es refutada en segundos rebatiendo con vehemencia lo que se dice. ¿Qué es la verdad? Ahora mismo yo diría que la verdad es imposible de conocer porque esta en función de los intereses personales o particulares bien de personas, partidos políticos o corporaciones.
Matrix es otro de los referentes del género, vivimos en un sueño donde todas nuestras relaciones y vida se generan por programas informáticos, soñamos que vivimos, pero en realidad estamos conectados a unos tubos que lo que hacen es producir energía para mantener tanto máquinas como ordenadores. Neo, el elegido, una analogía de Jesucristo, será el encargado de salvar a toda esa gente de vivir en ese sueño.


Los juegos del Hambre en sus cuatro películas también tratan un tema distópico. En una sociedad controlada tras lo que queda del estado americano y divididos en 12 distritos donde su único entretenimiento parece la televisión, un grupo de jóvenes elegidos al azar tiene que enfrentarse entre ellos para darse muerte hasta que solo quede uno. Todo ello retransmitido en directo por televisión para que todo el mundo pueda verlo y distraído con ello, no piense en la represión ejercida por el estado sobre ellos.
Últimamente también algunas series de televisión han planteado distopías imaginadas en mundos alternativos. Una de ellas es El Cuento de la Criada, donde observamos una sociedad con dificultad para tener hijos donde ciertas mujeres a las que se supone fértiles son tratadas como esclavas para engendrar en casa de una matrimonio donde ella es estéril y el marido se encarga de la inseminación. Una sociedad patriarcal donde la mujer queda relegada a un segundo plano y, con la excusa de Dios, el hombre ejerce todo su poder.
Quizás Juego de Tronos pueda entrar dentro de esta historia de mundos alternativos, donde existen dragones, la vida humana vale muy poco y los hermanos tienen hijos entre sí como si fuera algo normal. Aunque parece una historia que pudiera haber ocurrido en la edad media, algunos elementos mágicos y diferentes descolocan al espectador, personas que ven el futuro, resurrecciones, muertos que forman parte de un ejercito y sobre todo hasta donde puede llegar el ser humano por ejercer el poder. 


domingo, 23 de septiembre de 2018

¿Qué es un arco diafragma?

Dentro de los diferentes tipos de arcos que podemos encontrar en la historia de la arquitectura, vamos a repasar hoy el uso de los arcos diafragma en diferentes iglesias. Como veremos muchos de los edificios que cuentan con este tipo de arcos fueron realizados en época gótica.


Como veremos ahora el arco diafragma está unido al uso de coberturas de madera en muchos edificios. El uso de la madera se extendió en la zona cristiana al mismo tiempo que se iba produciendo la reconquista en el país. Muchas de las cubiertas de mezquitas y palacios musulmanes estaban cubiertos con madera. Las sinagogas que se hicieron en España seguían modelos de las mezquitas musulmanas por eso estaban cubiertas también con estructuras de madera y seguían pautas decorativas parecidas a las que podemos ver en edificios musulmanes. El uso de este material permitía liberar el peso que ejercen las cubiertas de piedra que encontramos en iglesias y catedrales. Así no es necesario el uso de grandes pilares o columnas para la sujeción sino que solo con los muros decorados en algunos casos con pequeñas columnas es suficiente. 
Así que cuando los católicos observan este tipo de construcciones en el sur de España intentan imitarlas en el norte, produciéndose una mezcla original que realiza aportaciones a la arquitectura mudéjar y desemboca en la decoración exuberante del plateresco.


Así pues el arco diafragma se dispone de forma transversal en una iglesia, recorriendo de muro a muro y ayudando a sostener la estructura de madera que cubre los edificios. Los arcos parten directamente de los muros y se encuentran en la zona central de la nave.
En algunos casos  también con estructura de madera podemos encontrar los arcos de forma longitudinal, separando las naves y con cubiertas de madera, se trata de grandes arcos que recorren la nave y que en muchos casos tienen forma de arcos rebajados. Así lo observamos en muchas iglesias que tienen cubiertas denominadas de tipo mudéjar. 


domingo, 16 de septiembre de 2018

El estudiante de Orgaz del Equipo Realidad

La llegada del arte pop en España tienen unas connotaciones especiales por las circunstancias políticas que se vivían en el país debido a la dictadura. Al mismo tiempo debemos destacar la Ley de prensa que sacó adelante Manuel Fraga en el año 1966 y que eliminaba la censura previa, algo muy importante para ganar en libertad de expresión. Había control pero mucho menos que antes. La gente puede enterarse de lo que ocurre en España (con matices) y también lo que está pasando en el extranjero.


El régimen de Franco se había unido desde época temprana al informlismo. Los artistas informalistas se prestaron a un juego que beneficiaba mutuamente a los creadores y al régimen. Por un lado en el contexto internacional el régimen de Franco enviaba a unos artistas que le daba un aire de novedad y apuesta por las últimas creaciones y los creadores se aprovechaban de esa proyección internacional para incrementar su ego y el conocimiento de su obra en el exterior.
El régimen de Franco estaba muy cómodo con el informalismo, entre otras cosas porque era abstracto y no le plantaba ningún problema desde el punto de vista político.
La llegada del arte pop sería un contraste muy grande con la situación que se había vivido hasta ese momento. Si el pop en Estados Unidos estaba mas unido a los productos de consumo, en España adquiere un tinte político que se encarga de reivindicar situaciones contradictorias para el régimen de Franco. Molesta más que se admira porque suele meter el dedo en la llaga. La figuración hace que el régimen no se sienta cómodo con este estilo.
El equipo realidad, al igual que el equipo crónica, se formaron en Valencia. Estaba compuesto por los artistas Joan Cardells y Jorge Ballester. Comenzaron su carrera en 1966 y la concluyeron en 1976, aunque el segundo continuó utilizando el nombre durante un tiempo.
La obra del estudiante de Orgaz fue pintada en 1966 y bajo un cielo en el cual se representa la parte superior del famoso Entierro del Conde de Orgaz del Greco, aparece en la parte inferior un solo personaje, un estudiante que parece herido o muerto quizás como consecuencia de la represión en alguna protesta. La pintura sorprende por su crudeza y resulta extraño que el régimen de franco no se diera por aludido con una obra de este tipo. Pero quizás esa ligera apertura hace que se permitan cosas de este tipo.
El equipo realidad estaba muy comprometido en sus obras con la realidad social del país, también representaban situaciones relacionadas con la economía y ambiente cultural en un periodo en el que la gente comenzaba a demandar cambios. Consumismo, opresión política o la influencia cada vez más grande de los medios de comunicación son algunos de los temas que observamos en sus obras. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

El aura de Benjamin y la verdadera obra de arte


Walter Benjamin hablaba del aura de la fotografía para referirse a muchas de las obras que fueron creadas en el siglo XIX. Los artistas no tenían una intención artística pero con el tiempo las obras se habían convertido en obras de arte. Esos artistas no pretendían trascender sino documentar. Hablamos de obras como las de Eugene Atget o David Octavius Hill y algunos de los personajes representados en la constitución de la Iglesia Escocesa. Durante el siglo XX y con la democratización de la prensa escrita la fotografía perderá el aura porque se tiende a la reproducción masiva de imágenes, algo que ha ido creciendo de forma exponencial hasta nuestros días.


Antón Patiño en su libro titulado el Manifiesto de la mirada define el aura de Benjamin como una paradoja del espacio tiempo. Se trata de una irrepetible sensación de lejanía. Algo que pasó en un momento muy concreto y que es imposible de recuperar, ya no volverá a verse nunca más porque las circunstancias han cambiado tanto cuando vivía Benjamin y no digamos en el momento actual con la presencia de las redes sociales y el segundo de fama que nos proporciona un like o un corazoncito en Instagram.
El aura es parecida al nimbo que observamos en muchos de los cuadros que representan a los santos o figuras cercanas a la divinidad. El aura puede designar un prestigio especial que acompaña a ciertas obras cuyo resplandor justificaría el respeto y veneración de las que son objeto.
Pero también el aura podría aplicarse a cualquier objeto que se lleva a un museo, cambia su contexto de manera que adquiere una nueva imagen y no digamos si llega a exponerse. Por muy extraño que parezca podemos encontrar gente de todo tipo dando vueltas alrededor y tratando de escrutar la intencionalidad del autor para dotar de contenido artístico a un objeto cualquiera. Al estar en el museo la obra se carga de una fuerza especial, se trata de un campo magnético que parece atraer al espectador.
El aura es al mismo tiempo extrañeza y familiaridad. Siguiendo los pasos de Sigmund Freud que decía que lo siniestro es simplemente un hecho familiar que poco a poco se fue convirtiendo en algo extraño. El aura sería la sensación de perplejidad ante lo cotidiano.
El aura se nos presenta como algo lejano, es una sensación que se apodera de nosotros. Frente a ella tenemos la huella que es cercana y es algo que se encuentra a nuestro alcance, con facilidad de acceso.


Aplicamos el aura de Benjamin al arte pero en realidad abarca todas las ciencias humanas, psicología, historia, estética, sociología, ideas políticas, religión, de todas ellas podemos extraer diagnósticos reveladores del futuro.
Podríamos decir que se observa el aura en las esculturas de Giacometti, la mirada distante a lo próximo y cotidiano, la realidad más humilde y sencilla que produce una inquietante sensación de extrañamiento. Figuras que hieráticas nos contemplan fuera de tiempo, seres que arrastran su vivencia existencial como espectros del desasosiego, deambulando hacia ninguna parte, transportando su soledad y su drama.
Si a un aborigen le tomas una fotografía piensa que le has arrebatado el alma, eso mismo pensaba Walter Benjamin frente a la reproducción de las obras de arte que comenzaba a convertirse en algo masivo. Y no hablamos de la actualidad sino que los hacemos de los años 30 del siglo pasado. Se trata de una nueva pobreza, de la precariedad de la sociedad moderna para poder crear nuevos modelos, del ritmo y repetición del que nos habla Omar Calabrese como una de las características del Neobarroco, que enlaza con el momento en que vivimos.
Benjamin apostaba por un tipo de obras de arte que debían unir a la vez el compromiso y una apuesta por la transformación de las estructuras actuales. La obra debía ser transgresora y renovadora estéticamente. El Guernica de Picasso puede servir como ejemplo de lo que estamos hablando.
El aura nos vincula al mundo en el que vivimos y a nuestra sociedad. La obra de arte, como decía Theodor Adorno, posee en común con la magia un contexto que la sustrae de la realidad profana.
Benjamin decía que la verdadera obra de arte tiene un lugar donde el que se sitúa recibe un frescor como el de la brisa de un amanecer venidero. Quizás debamos analizarlo de esta manera cada vez que acudimos a un museo y así diferenciar aquello que aporta y todo lo que se trata de una simple reproducción.



domingo, 2 de septiembre de 2018

La lechera de Burdeos de Francisco de Goya

El pintor Francisco de Goya se exilió de forma voluntaria en la ciudad francesa de Burdeos y allí pasó los últimos años de su vida. Estuvo en la ciudad francesa entre 1824 y 1828, fecha en la que se produjo su muerte. 


La restauración del poder absoluto por parte de rey Fernando VII, que contó con ayuda de las tropas francesas y la represión de aquellos liberales que habían apoyado la constitución de 1812, mas conocida como "La Pepa", fueron los detonantes que hicieron que Goya quisiera dejar España.
Goya era un liberal partidario de las ideas de la revolución francesa y al mismo tiempo un gran patriota español que veía en la monarquía absoluta una de las causas del retraso de España respecto a otros países. Pese a trabajar para el rey era partidario de las ideas de libertad, igualdad y separación de poderes, cosa que en España no existía ni tenía visos de suceder tal como se planteaba la situación. Frustrado y quizás con miedo a ser perseguido decide marcharse a la ciudad francesa para pasar los últimos años de su vida.
Allí sería donde realiza esta obra que podemos fechar en el año 1827. Representa posiblemente a la chica que día tras día le servía la leche a nuestro maestro. Da impresión de que se encuentra sentada, es posible que el traslado de un lugar a otro de la ciudad lo hiciera montada en un burro, por eso aparece en esa posición.
La técnica nos muestra a un artista que utiliza una pincelada muy suelta, hay quien afirma que esta obra tiene conexiones con el impresionismo. Frente al detallismo de las primeras obras de Goya donde representa a los majos y las majas de Madrid, estamos en un momento en que el artista suelta la mano para pintar y realiza su trabajo con fuertes movimientos de muñeca.
También hay personas que afirman que esta no sería una obra de Goya, pero deberíamos recordar que esta forma de extender la pintura ya estaba presente en algunas de las Pinturas Negras que realizó en las paredes de su casa en Madrid, algunas de esas pinceladas sueltas provocan deformaciones en los rostros o cuerpos de los personajes representados. La diferencia entre aquellas y esta obra es que da impresión de que Goya recupera parte de la alegría y el colorido de sus primeros cuadros, frente a la oscuridad y temática fatalista de las obras pintadas en la Quinta del Sordo. 
La obra fue regalada a la última compañera del pintor Leocadia Zorrilla, que ejercía como ama de llaves del pintor. Debido a sus carestía económica se vio obligada a venderla a un pariente del pintor llamado Juan Bautista de Muguiro. Finalmente la obra fue cedida al Museo del Prado en el año 1946.