domingo, 2 de diciembre de 2018

Diego Velázquez prefiere ser noble a pintor

En los últimos años de su vida, concretamente el 12 de Junio de 1658, Velázquez fue nombrado caballero de la orden de Santiago. Así aparece representado en su propio cuadro de Las Meninas donde se autorretrata junto a los miembros de la familia real. 


Si observamos algunos datos da la impresión de que Velázquez estaba obsesionado por conseguir este tipo de distinciones desde su llegada a la corte en el año 1621. Su padre era de origen hidalgo. Se llamaba Juan Rodríguez de Silva, de origen portugués, había trabajado toda su vida en Sevilla como notario eclesiástico, y sacaba adelante a su familia de una forma bastante modesta. Su madre no era noble sino que pertenecía a una familia humilde de artesanos, se llamaba Jerónima Velázquez.
Encontrarse en la corte y cerca del rey supone una posibilidad de ascenso social ya que era el rey el encargado de repartir esta clase de títulos. Podíamos decir que Velázquez utilizó la pintura como un medio para conseguir un mayor estatus social. No existe duda que el rey Felipe IV más interesado a veces en la pintura que en la política estuvo en constante contacto con Velázquez y que visitaba de forma asidua el estudio que el pintor tenía en el antiguo Alcázar de la ciudad. No debemos descartar que después de 37 años surgiera entre ellos algo que podríamos llamar amistad, siempre desde el respeto debido al monarca.


Debemos pensar que los puestos que ocupa Velázquez en la corte se deben a esta amistad con el rey que le ayuda a ascender y convertirse en una persona importante dentro de la corte. Así sabemos que Velázquez pasó por los siguientes puestos: fue ujier de cámara, ayuda de guardarropa, ayuda de cámara y aposentador de Palacio. Pero el honor más grande lo obtuvo cuando fue nombrado Caballero de la Orden de Santiago, un ingreso nada fácil de conseguir ya que requería demostrar la pureza de sangre por todas partes y la entrevista a más de cien testigos que hablaran favorablemente sobre el artista. 
Uno de esos testigos fue el también pintor, escultor y arquitecto Alonso Cano que declaró que Velázquez solo había ejercido la pintura por gusto y obediencia a su majestad. Pintaba para adornar el palacio donde residía el monarca. 
Es como si la pintura no le interesara lo más mínimo y lo hacía por afición. En la sociedad de la época se denostaba a cualquier noble que utilizara las manos para trabajar y Velázquez sin duda tenía que usar las manos para con sus pinceles crear las diferentes obras. Quizás por eso las sorprendentes declaraciones de Alonso Cano.
Lo curioso es que otros testigos consultados para el ingreso en la Orden militar de Santiago corroboraron esta versión, los también pintores Zurbrarán o Carreño de Miranda así lo hicieron. 
Para aceptar el ingreso fueron consultados 148 testigos, pero pese a todas las versiones favorables la Orden de Santiago rechazó su admisión. La amistad con el rey jugó un importante papel, el propio Felipe IV pidió la intervención del Papa que ayudó a que Velázquez fuera admitido en la orden sin haber sido hidalgo anteriormente.
Ser noble o hidalgo se identificaba con poseer los recursos necesarios para poder mantener una forma de vida en la que no era necesario desarrollar ningún trabajo. Ser caballero significaba disponer de las las rentas suficientes, aunque no en todos los casos era así y algunos de sus miembros eran mantenidos por la orden militar. Velázquez ascendió por recomendación ya que la presencia en la corte era una de las posibilidades, la otra participar en la guerra. 
Así que Velázquez en Las Meninas se muestra orgulloso, altivo, siendo un caballero que ha conseguido tal honor con los pinceles en la mano. Un artesano que ha sido capaz de conseguir la nobleza, pese a desarrollar su trabajo con las manos, aunque en su ingreso muchos de los testigos dijeran que pintar era solo un hobby. 

Retrato del pintor Alonso Cano

domingo, 25 de noviembre de 2018

La Iglesia de Santa María del Mar

Para hablar de esta iglesia debemos centrarnos un poco en el estilo en el cual esta realizada. Se trata de uno de los muchos ejemplos góticos que tenemos en España pero dentro del gótico debemos distinguir diferentes momentos ya que las características de unos y otros son diferentes. En este caso estamos ante una iglesia gótica del siglo XIV conocido también como gótico mediterráneo por la zona donde encontramos la mayoría de los ejemplos.


Tras las grandes catedrales del siglo XIII localizadas en Castilla y Leon, el siglo XIV es una época bastante inestable en este reino por lo que las grandes obras se realizan en otra zona de España, concretamente en ciudades como Gerona, Barcelona, Valencia o Palma de Mallorca.
La iglesia de Santa María del Mar, dedicada a los pescadores de la ciudad, fue iniciada en el año 1329 y tiene relación con las catedrales de Barcelona y Gerona. 
La iglesia tiene tres naves con cuatro tramos cuadrados, cada uno de los tramos incluye tres capillas que se abren directamente a la nave lateral. Esto es diferente al gótico de castilla y león donde las capillas tienen rejas y eran privadas. La girola de la iglesia presenta nueve capillas. En total hay 34 capillas. 


Una de las cosas curiosas es que ya no existe una gran diferencia de altura entre la nave central y las naves laterales por lo que las ventanas entran directamente desde la nave lateral. También resulta muy curioso como los pilares se elevan hasta las bóvedas para recoger directamente los empujes de estos elementos. Al entrar en la iglesia tenemos una sensación espacial mucho más grande que en las iglesias góticas del siglo XIII.
También la zona de la girola aparecen ocho grandes pilares que separan esa zona del altar mayor pero son tan altos que casi no se diferencia una zona y la otra. Estos pilares son de forma octogonal.
Esta iglesia será una gran influencia para Antoni Gaudí a la hora de realizar la Basílica de la Sagrada Familia. Recordemos que la base de la Sagrada Familia, el punto de partida es una capilla gótica y la estructura del edificio es muy parecida a la Iglesia de Santa María del Mar. Lo que ocurre es que Gaudí desborda el gótico para crear algo completamente nuevo, diferente. Llega mucho más allá con la imitación de formas de la naturaleza. 


domingo, 18 de noviembre de 2018

Alfonso Albacete entre el surrealismo y la nueva figuración

Este artista nacido en Antequera en 1955 tiene en estos momento una exposición retrospectiva en el CAAC de Sevilla donde se pueden apreciar diferentes matices de su obra pictórica.


Algunos de sus trabajos tienen influencia de la abstracción. El artista no ha negado la presencia de artistas como Jackson Pollock o Ives Klein en algunas de sus obras. Pero la gran mayoría de sus cuadros se decantan por la figuración. Se trata de obras que caminan entre el surrealismo y la nueva figuración, que tuvo su eclosión en España durante los años 70 y 80 (quizás el artista más conocido de ese momento sea Guillermo Perez Villalta)  a raíz de la fuerte presencia del informalismo durante décadas anteriores y también de algunos seguidores de ese surrealismo infantil de Miró cargado de líneas, estrellas y mundos paralelos. Artistas como Rafols Casamada puede ser un buen ejemplo de ello.
Así que las obras figurativas de Alfonso Albacete parecen cargadas de interés. Por ejemplo aquellas en las que primero representa al modelo y después lo integra en el un ambiente que tiene algo que ver con la propia pintura o con el trabajo del pintor. Puede ser un modelo masculino o femenino que aparece en diferentes cuadros repitiendo el modelo pero variando el fondo sobre el que este modelo se sitúa.


Tenemos también numerosas pinturas que representan el estudio del pintor, es algo que viene de la pintura tradicional, aunque Albacete dota a estas obras de un colorido especial. Se trata de mostrar parte de ti, de tu yo privado, del santuario en el que desarrollas tus trabajo. Todo ello acompañado de unos colores llamativos con restos de manchas o descuidos que parecen adornar el cuadro y aportar una sensación de descuido sobre el trabajo.
El desnudo también está presente en su obra, pero no de una manera agresiva sino formando parte de un paisaje donde el mar adquiere una gran importancia. Recuerda en algunos casos los bañistas realizados por Sorolla, con la diferencia de estilos practicados por uno y otro, pero la idea de unas figuras que disfrutan de su tiempo junto al mar parece presente en ambas obras. 
Pintura con mayúsculas. Así quizás es como se puede definir la obra de este artista. En sus trabajos un tema moderno como la lesión de un jugador atendido por las asistencias se puede convertir en una inspiración iconográfica del descendimiento de Cristo en la Cruz. Cada obra tiene su propia alegoría que podemos encontrar en las grandes referencias del pasado. 


domingo, 11 de noviembre de 2018

Arte y nueva ciudad

Ivan Chtcheglov fue uno de los miembros destacados de la Internacional Letrista. Hijo de un ucraniano y madre francesa perteneció durante un tiempo a este grupo aportando sus ideas sobre como debería ser la nueva ciudad y que hacer en ella. Aunque sus escritos eran importantes no perteneció a la Internacional situacionista.


Según decían estos, siguiendo el ejemplo de los letristas, el tiempo de cada persona podía dividirse en tres parte, tendríamos el tiempo de trabajo, el tiempo de ocio dedicado en su mayoría al consumo de productos y el tiempo de sueño que se dedicaba a dormir. Una de las ideas de este grupo era la de cambiar este esquema. Para ellos era importante crear "situaciones" dentro de la ciudad, una especie de sorpresa y conocimiento de lo que sucede en ella. El propio Debord hablaba en algún caso de acabar con el tiempo de trabajo para dedicarse a estas situaciones en la ciudad.
Para todos estos grupos la ciudad es importante y lo que se hace en ella también. El propio Chtcheglov abogaba por una ciudad que no estuviera dedicada solo a la industria o al comercio sino que debía crearse una ciudad dedicada al turismo, que es un curioso concepto del que nos interesa comentar algunos detalles. 
Este escrito de Chtcheglov está realizado a principios de los años 50 del siglo pasado y la lectura actual tiene una connotación completamente distinta.
Tenemos ciudades dedicadas por completo al ocio, quizás el mejor ejemplo sea la ciudad de Las Vegas, que está orientada al juego y la diversión para las personas que la visitan, quizás para olvidarse del tiempo de trabajo que realizan en otros lugares.
Pero no hay duda que también existen ciudades que se han consagrado al turismo. Florencia en Italia puede ser un buen ejemplo, hay tantas cosas que ver de artistas tan importantes que merece la pena realizar una visita. 


En España ciudades como Sevilla o cualquiera de las de las que se encuentran en la Costa del Sol también se dedican al turismo, unos cultural y otro de playa. Por supuesto que existen otras formas de trabajo en estas ciudades pero el sector del turismo representa un papel muy importante en la supervivencia económica de la ciudad. Actualmente todas la ciudades por pequeñas que sean desean hincar el diente al pastel del turismo como una importante fuente de ingresos y creación de puestos de trabajo.
Claro que estaría bien conocer el turismo que visita nuestra ciudad de forma masiva. La gran mayoría de personas que acuden a estas ciudades ni siquiera preparan sus viajes y lo dejan en manos de operadoras o agencias de viajes. Parecen rebaños que son guiados por un pastor por diferentes lugares que visitan monumentos al antojo de alguien que ha decidido que se debe visitar el Alcázar de Sevilla y no la Iglesia del Salvador. Toda esta gente no disfruta de "situaciones" dentro de la ciudad sino que se deja guiar para escuchar aquello que le quieren decir sin reproche alguno, acudiendo de un lado a otro en una carrera sin fin por decir a los demás que estamos allí en ese momento.
Esta ciudad para el turismo también necesita personas que atiendan las necesidades de los que visitan esa ciudad, personas que igual que el resto dividen su tiempo entre tiempo de trabajo, de ocio y de sueño. Cuanto más turismo, mas trabajo para las personas que residen en la ciudad. 
Chtcheglov se refería al futuro sin saber que estaba hablando de lo que en realidad iba a suceder, la transformación turística de la ciudad, pero se equivocó en su percepción del uso turístico que se iba a hacer de las ciudades, donde rebaños se mueven de un lado a otro sin cuestionarse absolutamente nada de lo que están haciendo. 


domingo, 4 de noviembre de 2018

¿Cómo leer la planta de una iglesia o catedral?

A veces cuando tenemos delante la planta de un edificio no sabemos por donde empezar. Hacer la lectura de una planta no resulta tan complicado si seguimos un esquema de aquellas cosas en las que debemos fijarnos y como aparecen representadas en ese esquema que nos indica todo aquello que encontramos tanto en el interior como en el exterior de la iglesia.


Para empezar con la lectura deberíamos fijarnos en el número de naves que tiene, cuantas son, 3 ó 5 suele ser lo más habitual, aunque también encontramos algunas iglesias de 1 sola nave ligadas sobre todo a construcciones de órdenes religiosas. Si nos fijamos bien en muchos casos la nave central será más ancha que las naves laterales y eso se aprecia perfectamente en la planta, en otros casos puede que tengan el mismo tamaño, aunque es más común el primer ejemplo.
El siguiente paso es fijarnos en los elementos sustentantes, que tipo de elementos separan las naves. Aunque puede haber más, básicamente tenemos dos columnas o pilares. La manera de distinguir uno de otro es que las columnas en planta aparecen con forma circular y los pilares con forma cuadrada o rectangular. En algunos casos podremos ver como van juntos y tenemos formas cuadradas de las que sobresalen semicirculares debido a que existen pilares con columnas adosadas.
Existen algunos estilos donde podemos adivinar el tipo de bóvedas que existen cubriendo las naves, tanto en el románico como en el gótico es posible adivinarlo. Las bóvedas de cañón no se representan con ningún dibujo en época románica, lo que si vemos son los arcos fajones que se representan en cada tramo de la nave con lineas de puntos paralelas. Las bóvedas de arista en las naves laterales se representan cruzando dos líneas de puntos en forma de letra X. Por su parte en el gótico las bóvedas de crucería se representan con dos líneas que se cruzan en forma de letra X. A lo largo del gótico se irán complicando estas formas para crear estructuras estrelladas que también apreciamos en las platas.


Nuestro siguiente paso será fijarnos si la iglesia tiene un transepto marcado en planta o el crucero no sobresale a los lados, si no es posible apreciar los brazos de la cruz. Al tiempo podemos mirar cuál es el número de naves que tiene el crucero. Normalmente será una sola, aunque tenemos casos de tres naves.
En el lugar donde se encuentran la nave central y el crucero se levanta en muchos casos una cúpula. Allí tendremos una estructura con pilares para sujetara y deberían apreciarse en la planta. Mas complicado resulta ver si la transición de la forma cuadrada a la circular se hace con pechinas (forma triangular invertida) o trompas (forma de concha o venera).
Llegamos a la cabecera y aquí hay que fijarse en el número de ábsides que posee y iglesia y cuál es su forma, si son rectangulares, circulares, poligonales. Debemos ver perfectamente donde se encuentra el altar mayor y el número de capillas que acompañan al altar bien a su alrededor o formando pequeños ábsides.  
En muchos casos al exterior es fácil apreciar un porche donde la gente se protegía del tiempo o esperaba para entrar en la iglesia, también servía para la celebración de juicios. En otros casos en el exterior se aprecian perfectamente los contrafuertes que ayudan a sostener el gran peso que reciben las naves y refuerzan la forma vertical de estas estructuras. 


domingo, 28 de octubre de 2018

El Cristo Crucificado de Francisco de Goya

Pese a que las pinturas mas conocidas de Goya son aquellas que no representan temas religiosos, bien sean retratos o esas famosas escenas expresionistas realizadas en los últimos años de su vida, tenemos también algunas obras religiosas del artista en las que podemos apreciar su gran calidad a la hora de realizar estos temas.


La obra que hoy nos ocupa es una representación de Cristo crucificado que fue realizada por Goya para solicitar su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Había realizado algún intento anterior y la actitud clásica de los componentes del tribunal había hecho que la obra fuera rechazada. Quizás por eso en este nuevo intento había que presentar una obra más atemperada, que fuera más del gusto clásico de los académicos. 
Puede ser esta la razón por la que represente un Cristo que no tiene sensación de sufrimiento, simplemente mira al cielo quizás preguntando al Padre el porqué de su abandono. Para ello influye mucho la peana sobre la que se apoyan los pies y que hace que la figura evite la falta de oxígeno como consecuencia de la gravedad. Eso hace que el Cristo parezca tranquilo incluso que sea capaz de crear un pequeño contraposto con los pies.
También el Cristo se encuentra limpio de sangre, aunque ahora hablaremos de las influencias  que tiene la obra parece inspirarse en obras andaluzas como el Cristo de los Cálices realizado por Juan Martínez Montañés y conservado en una de las capillas de la Catedral de Sevilla.

Anton Rafael Mengs Cristo en la cruz

Parece que el cuadro en el que se inspira fue realizado por Anton Rafael Mengs con la diferencia de que Goya elimina el paisaje y se acerca más a Diego Velázquez en la representación del claroscuro, oscureciendo el fondo e iluminando la figura. El modelo en el que se inspira también tiene que ver con el creado por Francisco Pacheco y que servirá a la iconografía andaluza de la que Velázquez será su máximo representante. El genio sevillano realizó dos figuras de Cristo Crucificado uno de ellos muerto, quizás el más conocido, y otro vivo, ambos conservados en el Museo del Prado y muy similares al que realiza Goya para su ingreso en la academia. 

Cristo en la cruz. Diego Velázquez

domingo, 21 de octubre de 2018

Pintando con puntos de colores

La pintura con puntos ha atraído a los artistas desde época temprana, no tenemos más que pensar en algunas de las formas representadas por los hombres primitivos en las cuevas, símbolos tremendamente complicados de interpretar que se han querido asociar en algunos casos con prácticas sexuales o bien con rituales desconocidos ante la falta de documentación.


Esta pintura volvió a ponerse de moda a lo largo del siglo XIX y XX. Algunos artistas la han utilizado buscando diferentes respuestas a sus investigaciones, otros en cambio parecen reírse de nosotros cuando nos ofrecen pinturas de este tipo, ya que sus explicaciones no llegan a convencer a un público que observa esas obras con cierta estupefacción.
Vamos a hacer un repaso de algunos artistas que han utilizado los puntos en sus composiciones, revisando desde el punto de vista crítico, si sus obras tienen vigencia o han sido superadas por un discurso completamente vacío de contenido.
Comenzamos con una de las obras más conocidas de Seurat, el desayuno en la hierba, uno de los referentes del puntillismo, un estilo que comienza sus andanzas en torno al año 1880. El puntillismo utiliza puntos de colores para componer sus cuadros, mirados a cierta distancia la retina se encarga de mezclar los colores en nuestra mente para que obtengamos una composición que adquiere cierta coherencia. La separación de colores producida en el cuadro vuelve a unirse en la retina del espectador, colores primarios y secundarios se unen en nuestra mente para crear nuevas apreciaciones como por ejemplo el naranja que surge de colocar colores rojos y amarillos juntos.


Kandinsky era un estudioso de la pintura, de él sabemos que realizó la primera obra abstracta en el año 1912, en concreto una acuarela, desde ese momento es un artista entregado a la abstracción y al estudio de las propiedades del color. Kandinsky apostaba por una vida llena de color, estaba convencido de que el uso del color ayudaba a psicología del ser humano de manera positiva. La emoción que transmitan sus obras es muy importante para el autor, alegría, esperanza, deseo y algunas más. Así que para él las formas que aparecen en el cuadro, todo tipo de geometría, no es importante sino los colores que se utilizan. La gradación de colores debe ser correcta para que sea agradable a los ojos, hay un estudio de la situación de cada color en el cuadro, amarillo en el interior y negro en el exterior, por ejemplo.



Malevich en su obra Círculo negro, como gran representante del suprematismo, trata de definir la esencia de la pintura, se reducen las formas a los elementos básicos. Sus cuadros se componen de formas simples y primitivas. Se trata de descubrir en esas formas cosas alejadas del conocimiento. El artista habla de una nueva búsqueda de Dios, algo que parece un poco exagerado para la simplicidad a la que se reducen sus formas y colores.
Y llegamos a la difícil zona de confort tras superar el minimalismo que reduce las formas de forma geométrica igual que hacía Malevich en muchas de sus creaciones.


Vamos a comenzar con las obras de Miró de la serie Azul. Miró tiene un momento interesante en su carrera, se trata de las obras de mediados de los años XX en las que busca un mundo alternativo con escenas donde el comic tiene una presencia muy importante. Se trata de trabajos que servirán de precedente a los dibujos animados cargados de situaciones que no dejan de tener su diversión. Pero la evolución posterior del Miró y su vertiente surrealista deja bastante que desear. Primero ese mundo alternativo va reduciendo las formas y ajusta los colores de una manera que trata de llegar a Kandinsky para jamas conseguirlo y finalmente en los años 70 nos deleita con la serie de cuadros en azul. Se trata de un cuadro con el fondo azul y puntos de color negro (puede que incluya una línea en rojo). Esta es una obra que carece por completo de un discurso conceptual, donde no se puede extraer ninguna de la conclusiones que se demanda a cualquier obra de arte contemporáneo y por lo tanto carente de sentido. Quizás llevado por el éxito el artista puede pensar que puede hacer lo que le de la gana, pero la gente que no es idiota se dará cuenta que tras ellas no hay nada más que colores, simpleza y falta de creatividad. Una pena para un artista que prometía mucho y se quedó en nada.


El tótem del arte Damien Hirst también ha dedicado una serie de interminables cuadros a realizar puntos de colores. Estas obras fabricadas en su estudio por personas contratadas tienen como ventaja que siempre uno de los puntos será diferente al otro porque uno de sus colores varía. Así que siempre podrás hacerte con una obra original de Damien Hirst que nadie más tiene. Si nos saltamos esta maravillosa ventaja, cargada de originalidad, el resto de la obra no tiene ninguna otra explicación. Por supuesto no tiene nada que ver con otras series del artista donde quizás los animales en formol aluden al paso del tiempo o las mariposas semejan ciertas formas que pueden resultar divertidas y llenas de colorido. Los cuadros de puntos de Hirst carecen por completo de discurso y son simplemente una consecuencia de un mercado loco en el que el nombre del artista es mucho más importante que la obra que crea. La obra no interesa sino que solo tener un Damien Hirst en la colección, sea el que sea. El tiempo (quizás el tema tratado en sus animales en formol) nos dirá que esa creación es un accidente dentro del desarrollo de la historia del arte y que el mercado hay veces que no castiga la falta de originalidad.


Me cuesta hablar de las obras de Yayoi Kusama, en sus instalaciones su obsesión por los puntos parece enfermiza. Me interesa alguno de los conceptos de pintura expandida que observamos en su trabajo, como los puntos desbordan en marco para extenderse por toda la sala de exposiciones. Aunque debemos quedarnos en eso porque no tenemos nada más que decir. Lo que si es cierto es que su pintura conecta a la perfección con el público, que acude emocionado a cualquier museo que realice una exposición de Kusama. Quizás es por el ambiente pop de las obras, puede que sea porque conecta perfectamente con los niños, tal vez por esa simplicidad que nos conduce a llevar a lo más alto las creaciones que seriamos capaces de realizar sin estudios en Bellas Artes. El caso es que Kusama gusta. ¿A ti te gusta Kusama?


Para terminar un par de apuntes, la artista española Alejandra Icaza también ha realizado cuadros con puntos. Yo mismo escribí una introducción a la artista en un catálogo de mano donde hablaba para justificar su obra de partículas, lentejuelas de un traje, campo magnético de colores que se atraen, luces de colores que iluminan el caminar por una feria, una obra a medio camino entre la saturación y el vacío. Pero lo veo ahora mismo y me vengo abajo en el planteamiento al que no encuentro sentido.


De todas maneras en un país como el nuestro el uso de los puntos o lunares no nos resulta nada extraño en el diseño, no tenemos más que volver los ojos a cualquiera de los trajes de flamenca que se presentan en cualquier desfile previo a la Feria de Abril y nos daremos cuenta que estamos más cerca de lo que pensamos de la estética de los puntos de colores.