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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cristo en la cruz de Francisco de Zurbarán


Si queremos acercarnos a la pintura de este artista de origen extremeño estaría bien que intentáramos trazar una pequeña biografía de Zurbarán. Nació en Fuente de Cantos en el año 1598 lo cual nos indica que es contemporáneo de artistas como Velázquez, con el que coincide en Sevilla o Alonso Cano. En la ciudad hispalense es donde tuvo su formación, concretamente en el taller de Juan de Roelas del cual se independiza en el año 1617 para formar su propio taller en la ciudad de Llerena. Su carrera está plagada de éxitos y encargos tanto de España como de Améica donde envió multitud de cuadros. Tuvo la oportunidad de viajar a Madrid a mediados de los años 30, conversar con Velázquez y admirar la colección de pintura italiana de los reyes, lo cual le hace evolucionar y abandonar el claroscuro. Falleció en Madrid en el año 1664.



De entre todas las obras de Zurbarán vamos a escoger esta porque representa a la perfección las características de la escuela andaluza donde este pintor aprende su técnica e iconografía. si lo comparamos con el Cristo Crucificado de Diego Velázquez nos daremos cuenta que hay muchas similitudes entre las dos obras, en primer lugar el claroscuro, que estaba tan de moda a principios del siglo XVII y que observamos los dos autores utilizan en sus obras, de manera que un foco de luz ilumina la parte más representativa del cuadro, dejando el penumbra el resto, tanto es así que en este caso somos incapaces de reconocer que hay detrás de la cruz, porque está tan oscuro que no llegamos a verlo.
Una característica de los cristos andaluces es que tienen cuatro clavos, quizás por influencia de un Cristo que llegó a la Catedral de Sevilla y que se decía había sido tallado por Miguel Angel, con lo cual otros autores seguirán esa estela y podemos observar cristos con cuatro clavos tanto en pintura como en escultura (recordemos el Cristo de los Cálices que realiza Juan Martínez Montañés para la Catedral).
Además al igual que hacía Velázquez, Zurbarán incluye un apoyo para los pies de manera que el peso del cuerpo no cae hacia abajo ahogando la figura sino que se encuentra mas relajado y permite crear un "contraposto" en las piernas, es decir una sostiene todo el peso del cuerpo y la otra se encuentra más relajada.
Por último no existe otro pintor mejor que Zurbarán para pintar el color blanco y todos sus matices, lo podemos observar perfectamente en el paño de pureza que lleva el cristo, con todos esos pliegues y juegos de luces y sombras que realizar de forma maravillosa este autor. Como ya hemos comentado en alguna ocasión le beneficia que la figura no se esté moviendo o que el cuadro no tenga desarrollo en profundidad porque este artista tiene ciertos problemas cuando tiene que enfrentarse a un dilema de este tipo.

lunes, 19 de agosto de 2013

La Inmaculada de Alonso Cano en la Catedral de Granada

Alonso Cano es uno de los máximos representantes de la escultura andaluza junto a Juan Martínez Montañés. Cano es una persona que trabajó las tres artes mayores, pero fue en la escultura donde alcanzó su gran éxito.


Es un escultor con una vocación clasicista muy marcada, persigue la belleza ideal al igual que obras del arte italiano. Sus figuras son tranquilas y reposadas con rostros y actitudes ensimismadas, con cierta melancolía. Tiene predilección con figuras ovales que derivan del manierismo, perfiles fusiliformes, es decir que se ensanchan en el centro y se estrechan en la cabeza y la cabecera. Cano prefiere figuras infantiles huyendo del dramatismo.
Esta inmaculada conservada en la Catedral de Granada tiene tan solo 50cm, estaba pensada para el fascistol de la Catedral pero como era tan pequeña y la gente no podía contemplarla tuvieron que trasladarla a la sacristía, que es donde se encuentra actualmente.
Es una figura muy juvenil, que aparenta unos 12 años, queriendo representar la idea de inocencia, con un rostro distanciado y melancólico. Recordemos que comparándola con otras Inmaculadas ésta es la de edad más joven, la de Gregorio Fernández parecía con más de 20 años y la de Juan Martínez Montañés parecía tener unos 17 o 18 años.
Usa la silueta en disminución, ensanchándose en el centro y adelgazando la base. 
Los pliegues son cortantes lo que crea contrastes luminosos, agrupándose en un ritmo ondulado que preludia el rococó.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El Cristo de los Cálices de Juan Martínez Montañés

Juan Martínez Montañés-Cristo de la Clemencia o de los Cálices
Cuenta la leyenda que el motivo del encargo de este Cristo fue debido a que un canónigo de la catedral de sevilla se inclinó por la mala vida. Un día se le apareció una mujer bastante frívola a la que el canónigo siguió insistiendole en que se descubriera la cara y cuando finalmente ella lo hizo de dió cuenta de que tras su rostro había un esqueleto. Otras voces si inclinan a que le motivo de la construcción sería un desengaño amoroso, de manera que el cliente hizo un encargo de gran poder persusivo contratando al maestro mas acreditado de Sevilla, Juan Martínez Montañes.
El Cristo se inspira en un pequeño crucifijo que había en Sevilla y que estaba atribuido a Miguel Angel, de ahí que el Cristo tenga cuatro clavos y que los pies aparezcan cruzados tal como podemos comprobar, así estarían en el Cristo atribuido a Miguel Angel.
Este Cristo de cuatro clavos crea un modelo iconográfico que después pasará a la pintura, como podemos observar por ejemplo en el Cristo de Velázquez, una figura también con cuatro clavos.
Según especificaba el contrato debía representarse un Cristo vivo, como si estuviera hablando con un interlocutor y con la cabeza inclinada.
Como podemos comprobar se trata de un Cristo limpio de sangre.
Existen pues diferencias claras con los Cristos castellanos, cuyo modelo principal es el que hace el escultor Gregorio Fernández. Los Cristos castellanos tienen solamente tres clavos, lo que aumenta el dolor y la sensación de inestabilidad. El modelo castellano es un Cristo muerto, lo cual se comprueba en la herida del costado de donde mana abundante sangre. Por último el Cristo castellano está completamente cubierto de sangre, regodeándose con la dureza de ciertas zonas, como las entradas de los clavos o las rodillas.
Como podemos comprobar el Cristo andaluz es mucho más delicado y menos sangriento que los castellanos.

domingo, 2 de septiembre de 2012

El modelo de Inmaculada andaluza según Martínez Montañés

Ya habiamos visto en este blog como se representaba la imagen de la Virgen Inmaculada según la escuela castellana de Gregorio Fernández. Como tiene ciertas variaciones vamos ahora a estudiar el modelo andaluz en la figura de "La Cieguecita" obra realizada por Juan Martínez Montañes que se encuentra en la Catedral de Sevilla.


A diferencia del modelo castellano, la Virgen de Juan Martínez Montañés da impresión de ser una joven de unos veinte años frente a la extrema juventud de la de Fernández.
Es una figura que huye del frontalismo,comparábamos la virgen castellana con un militar en posición de "firmes", pero en esta figura se nota más movimiento. En primer lugar en las manos no están delante del pecho sino que se muestran ladeadas aunque esten juntas de forma muy delicada. Lo mismo ocurre con el traje que lleva que no cae de forma perpendicular sino que se recoje sobre el brazo izquierdo creando una forma curva que le da cierta gracia a la figura y le genera la sensación de movimiento. A ello se añade que la pierna izquierda esta adelantada descansando todo el peso en la pierna derecha
El cabello, peinado con raya al medio cae sobre los hombros de la Virgen.
La mirada es baja (la figura está pensada para estar colocada más alta que el espectador), de manera que cuando la miras está invitando al acercamiento y la meditación. Baja la mirada en un símbolo de humildad, para no mirar de frente a nadie. Los ojos están medio cerrados, por eso la figura ha merecido el nombre de "La cieguecita".
La obra está fechada en el año 1628. La policromía es de Francisco Pacheco (maestro de Diego Velázquez) y Baltasar Quintero.

jueves, 23 de agosto de 2012

Jesus del gran poder de Juan de Mesa

Juan de Mesa. Jesús del Gran Poder. 1620. Sevilla

Juan de Mesa es uno de los discípulos del gran maestro sevillano de la escultura barroca del siglo XVII, estamos hablando de Juan Martínez Montañés, escultor que determina la iconografía de diferentes modelos de Santos, Cristos y Virgenes en su prolífica producción por tierras sevillanas principalmente.
Juan de Mesa es un seguidor fiel de los modelos de Montañés, de hecho durante mucho tiempo algunas de sus obras fueron atribuidas al maestro. Fue un escultor que falleció tempranamente, con solo 44 años de edad, gozando de cierta fama en su corta vida artística.
Quizás el Jesús del Gran Poder (figura de gran devoción en Sevilla) sea una de las más conocidas del artista. Estaría realizada en 1620 y se trata de una imagen de vestir con gran  patetismo. Cristo parece un anciano, lleno de pequeñas heridas, regueros de sangre y dobla la espalda quizás por el peso de la cruz que carga sobre sus hombros. La corona de espinas tiene unas enormes puntas, algunas de ellas se le clavan en las orejas y en las cejas.
Es curioso que la figura da impresión de tener unos 50 años cuando según la tradición nos dice que Jesús debía tener unos 33 años cuando se produce su pasión y muerte. Pero está demostrado que la intensificación del dolor y un maltrato físico continuo en poco espacio de tiempo, como le sucedió a Jesús, produce una rápida ruica física, que es lo que podemos apreciar en la figura que realiza Juan de Mesa.
Como podemos observar en las fotografías, igual que sucedía con el Jesús de la Pasión de Juan Martínez Montañés, los brazos del Cristo son articulables, pudiendo cargar con la cruz o presentarse como un Ecce Homo con los brazos atados delante del vientre.