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domingo, 9 de marzo de 2014

El pintor Bartolome Esteban Murillo para niños

Murillo puede sea el pintor más delicado de todo el barroco español. Era más joven que Velázquez o Zurbarán y los citamos porque al igual que estos maestros su formación tuvo lugar en Sevilla donde Murillo desarrolló su carrera artística con bastante éxito y múltiples encargos eclesiásticos.


Si por algo es conocido y llegó a hacerse famoso Bartolomé Esteban Murillo es por sus pinturas de la Virgen Inmaculada, una Virgen en pleno ascenso ayudada por varias figuras de angelitos, vestida con un traje blanco y un manto azul movidos por el viento y pisando la media luna en una tradición típica del catolicismo hispano. Varios ejemplos magníficos de este tipo de Virgen pueden contemplarse en el Museo de Bellas Arte de Sevilla
Pero Murillo no solo destaca por el mérito de su pintura religiosa, que es mucho, sino por la maestría que muestra en los últimos 20 años de su vida. Realizará varias escenas de tipo popular que nos muestran una nueva dimensión de un pintor que quiere salirse de su rol habitual para ofrecernos una visión nuevo de su quehacer pictórico. Nos referimos a pinturas como los Niños Comiendo Fruta o los Niños jugando a los Dados, Muchachos comiendo uvas; una manera de ver la realidad que elude lo trágico y busca el lado más amable de la realidad, iniciando un atisbo de crítica social que interpreta la vida callejera con una personalidad abierta, sin amargura ni dolor, pero denunciando al mismo tiempo ese tipo de situación.
Tengamos en cuenta la gran epidemia de peste negra que sufrió la ciudad de Sevilla en 1649 donde el 47% de la ciudad falleció, hablamos de una cifra de 60.000 muertos. Muchos niños quedaron huérfanos y en unas condiciones de vida que les conducía a sobrevivir de cualquier manera en la que fue una de las ciudades más populosas de Europa en esa época.
Podríamos citar como características de la pintura de Murillo su amabilidad en las escenas de tipo doméstico, la Sagrada Familia del Pajarito puede ser un buen ejemplo, la ternura familiar de comerciantes y banqueros, las escenas de tipo popular tan comunes en la pintura sevillana del siglo XVII, sus pilluelos callejeros jugando o comiendo. Es un gran pintor, sensible y refinado, sometido a la limitación de encargos eclesiales, sabe superar esa faceta para cultivar la pintura de género. Es junto a Velázquez el más moderno de los pintores de su siglo.
Sus obras se difundieron fuera de España siendo un artista español reconocido en Europa en su época, quizás el único junto a Diego Velázquez.


Y si lo prefieres en vídeo aquí lo tienes

 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cristo en la cruz de Francisco de Zurbarán


Si queremos acercarnos a la pintura de este artista de origen extremeño estaría bien que intentáramos trazar una pequeña biografía de Zurbarán. Nació en Fuente de Cantos en el año 1598 lo cual nos indica que es contemporáneo de artistas como Velázquez, con el que coincide en Sevilla o Alonso Cano. En la ciudad hispalense es donde tuvo su formación, concretamente en el taller de Juan de Roelas del cual se independiza en el año 1617 para formar su propio taller en la ciudad de Llerena. Su carrera está plagada de éxitos y encargos tanto de España como de Améica donde envió multitud de cuadros. Tuvo la oportunidad de viajar a Madrid a mediados de los años 30, conversar con Velázquez y admirar la colección de pintura italiana de los reyes, lo cual le hace evolucionar y abandonar el claroscuro. Falleció en Madrid en el año 1664.



De entre todas las obras de Zurbarán vamos a escoger esta porque representa a la perfección las características de la escuela andaluza donde este pintor aprende su técnica e iconografía. si lo comparamos con el Cristo Crucificado de Diego Velázquez nos daremos cuenta que hay muchas similitudes entre las dos obras, en primer lugar el claroscuro, que estaba tan de moda a principios del siglo XVII y que observamos los dos autores utilizan en sus obras, de manera que un foco de luz ilumina la parte más representativa del cuadro, dejando el penumbra el resto, tanto es así que en este caso somos incapaces de reconocer que hay detrás de la cruz, porque está tan oscuro que no llegamos a verlo.
Una característica de los cristos andaluces es que tienen cuatro clavos, quizás por influencia de un Cristo que llegó a la Catedral de Sevilla y que se decía había sido tallado por Miguel Angel, con lo cual otros autores seguirán esa estela y podemos observar cristos con cuatro clavos tanto en pintura como en escultura (recordemos el Cristo de los Cálices que realiza Juan Martínez Montañés para la Catedral).
Además al igual que hacía Velázquez, Zurbarán incluye un apoyo para los pies de manera que el peso del cuerpo no cae hacia abajo ahogando la figura sino que se encuentra mas relajado y permite crear un "contraposto" en las piernas, es decir una sostiene todo el peso del cuerpo y la otra se encuentra más relajada.
Por último no existe otro pintor mejor que Zurbarán para pintar el color blanco y todos sus matices, lo podemos observar perfectamente en el paño de pureza que lleva el cristo, con todos esos pliegues y juegos de luces y sombras que realizar de forma maravillosa este autor. Como ya hemos comentado en alguna ocasión le beneficia que la figura no se esté moviendo o que el cuadro no tenga desarrollo en profundidad porque este artista tiene ciertos problemas cuando tiene que enfrentarse a un dilema de este tipo.