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miércoles, 9 de julio de 2014

Las importancia de las cifras de visitantes al Museo

Asistimos en los últimos años a una gran competencia entre los diferentes museos por atraer visitantes, cuantos más mejor, que sirvan a sus regidores para poder presentar buenas cifras anuales o incluso batir diferentes records sobre exposiciones pasadas de las que la gente solo recuerda sus grandes colas. El consumo también ha invadido la cultura y actualmente es un producto más que se mide por presupuestos y cifras. Una sociedad consumista que intenta atraer aficionados quizás para justificar grandes inversiones.
Mitos del Pop en el Museo Thyssen de Madrid
Y es que en algunos casos se vive el fenómeno con la misma intensidad que el de última oportunidad, por no quedar fuera de una conversación en la que es necesario que se diga que esa persona estuvo allí. Da impresión a veces de que tratamos una exposición como el último concierto que los Rolling Stones van a hacer juntos y por eso necesitamos acudir a verla.
Claro que ante la dictadura de las cifras quizás la calidad sea una de las cosas que se resienten, porque se busca exposiciones que conecten de forma mediática con el espectador, que sean espectaculares, que incluyan una obra emblemática que el público no debe perderse por nada del mundo. Son proyectos que incluyen a artistas superconocidos y dejan de lado a artistas menores que, con propuestas interesantes, jamás serían capaces de arrastar un número similar de personas al centro de arte.
Por ejemplo este verano, como ya ocurrió en el pasado, los grandes museos realizan sus grandes apuestas. Otros centros de arte han tenido que dejar de hacerlo o simplemente no pueden, porque la falta de presupuesto les ha dejado ahogados y solo pueden realizar exposiciones de bajo coste o colaboraciones con otros museos nacionales. Decíamos que los tres grandes del Paseo del Prado tienen sus apuestas para esta temporada, el Prado apuesta por El Greco y la Pintura Moderna, tras el éxito cosechado en Toledo con la exposición El Griego de Toledo, parece complicado obtener un fracaso en el año dedicado al pintor cretense. El Reina Sofía por su parte y tras el éxito que tuvo el año pasado con la exposición sobre Dalí se decide por el arte pop y apuesta por Richard Hamilton, uno de los iconos del movimiento en Europa. Por su parte el Museo Thyssen en Madrid (hay otra versión en Málaga) tiene en la exposición Mitos del Pop su gran apuesta, con Roy Lichtenstein como bandera publicitaria.
Eso por lo que se refiere a la competencia en Madrid, aunque hay otras apuestas entre la que nos gustaría destacar la del CAC de Málaga, un museo de arte contemporáneo que intenta hacer exposiciones exclusivas en España, para que la gente interesada deba desplazarse a la ciudad de la Costa del Sol para poder verla. En este caso su exposición estrella para el verano es una retrospectiva de la performer Marina Abramovic, uno de los grandes iconos del arte contemporáneo que incluye fotografías, vídeos, documentación  y objetos utilizados por la artista balcánica desde los años 70 hasta nuestros días.
Estas son algunas de las apuestas de 2014, son sin duda interesantes, aunque como siempre debemos preguntarnos si lo importante es la calidad de la cultura que se nos ofrece o los datos numéricos que aportan cada una de las entidades al final de cada ciclo expositivo. La cultura de masas a veces en vez de conocimiento ofrece simplemente rebaños que acuden a pasear por las salas de los diferentes museos, pero mejor eso que nada, no cabe duda.

lunes, 22 de abril de 2013

La banalización de la palabra cultura

¿Cultura o espectáculo?
La cultura es una palabra que en los últimos años se ha puesto muy de moda y que pensamos actualmente se  encuentra al alcance de todo el mundo. Pero con los hábitos de consumo actuales, la cultura ha pasado a ser uno más de ellos, se consume y se programa cultura igual que se come un plato de espaguetis o se consume cultura al mismo tiempo que se degusta ese plato de espaguetis.
La democratización de la cultura ha provocado que esta pase a formar parte del espectáculo, ampliando los horizontes de lo que hasta ahora entendíamos por cultura. ¿Podemos calificar como cultura un concierto de los Rolling Stones? Tal vez si preguntamos a los asistentes al concierto un alto porcentaje nos diría que si, pero nosotros tenemos ciertas dudas al respecto. Estamos mas cerca del entretenimiento en el tiempo de ocio que de una actividad cultural.
¿Es posible visitar el Guernica de Picasso y calificarlo como una actividad cultural? Pues depende de la actitud del visitantes, muchos de los que contemplan el cuadro no disponen ni consultan la información necesaria para conocer porqué se pinta de esa manera y que es lo que trata de transmitir, se ha sustituido el porqué por el "yo estuve allí", de manera que el "estuve allí" forma parte de nuestra conversación diaria mas que la posible discusión por el tema que trata ese cuadro o el porqué de la estructura de construcción de las casas de Londres, por hablar de otro tema.
Vivimos en una sociedad donde lo único que importa es el espectáculo y el entretenimiento  las pantallas han provocado que hayamos convertido en hábito de consumo lo que debería perdurar, pero en cambio observamos que los productos que se nos ofrecen solo duran mientras son rentables, una vez que han sido consumidos pasan al olvido más absoluto y no sirven para generar debate, para el cuestionamiento o el avance de la sociedad. No tenemos más que pensar en algunas de las películas que nos ofrecen cada fin de semana, donde sentados en nuestra butacas podemos realizar abstracción de todo, ya que nuestra mente no necesita pensar absolutamente nada, nos dan todo hecho, solo tenemos que mirar las diferentes explosiones, matanzas, especulares planos o destrucciones masivas. Como decimos esto sirve para pasar el rato pero no para el avance cultural o reflexivo.
Algo similar tenemos al contemplar la televisión cada vez más llena de tertulianos que hablan de cualquier tema y que han sido capaces de desplazar a los intelectuales de las tertulias,  que lo mismo saben de política que de los últimos avances científicos y siempre tienen una opinión sea el tema que sea el que deben tratar. Las noticias están salpicadas de escándalos, normalmente abren con la destrucción de la última tormenta o bien con la nieve que hay en alta montaña, algo completamente obvio si pensamos que estamos en invierno y que a partir de cierta altura las precipitaciones son de nieve. No hablemos del tipo de noticias que nos venden cada día, acerca de los asesinatos, violencia, destrucción, guerra. Pero como decía Octavio Paz, somos perfectamente capaces de pasar de la Guerra en Siria y los últimos muertos provocados por un bombardeo al último concierto que Madonna ha ofrecido a sus fans. Oye como si no pasara nada, eso si que es sorprendente.
Pero todos se han apuntado al carro de la cultura, quizás porque queda bien y porque ser cultureta esta de moda. Así tenemos a políticos que hablan sobre el tema, actores de cine, artistas, periodistas rosas...Todo el mundo tiene una opinión y puede hablar sobre cultura, lo extraño es no encontrarse entre los que opinan a quien realmente debería hacerlo, a quien esta realmente preparado para ello, a aquel que puede proponer un cambio a este modelo de sociedad del espectáculo en el que vivimos actualmente  Los preparados no opinan o su opinión interesa tan poco que no aparece reflejada en unos medios de comunicación que viven del escándalo mas que de la reflexión.
La democratización de la cultura ha traido como consecuencia su banalización y la frontera entre lo que se califica como cultura y lo que es espectáculo ha quedado reducida al mínimo, siendo la verdadera cultura, la alta cultura patrimonio de unos pocos que escondidos o secretos plantean realmente avances para nuestra sociedad, pero que tristemente no llegan a un público ávido de consumo y de novedad, que devora una noticia tras otra sin prestar ninguna atención a lo que realmente se está diciendo.
Rafael López Borrego