Mostrando entradas con la etiqueta sociedad del espectáulo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad del espectáulo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Pokemon Go entretenimiento y ausencia de diagnóstico

El fenómeno de Pokemon Go ha inundado los teléfonos móviles de medio mundo haciendo que mucha gente, en una moda quizás pasajera, persiga por las calles y parques de distintas ciudades, animales virtuales que hay que cazar y acumular para llegar a tenerlos todos y así competir con los demás.


Ahora estamos observando como la tecnología está invadiendo a la gente más joven para captarlos hacia una causa ligada al entretenimiento y al espectáculo. Leía el otro día que mientras los chavales están jugando a Pokemon Go o a cualquier otro juego, no están pensando en otras cosas, ni se plantean como funcionan los entresijos del sistema
Y me pareció interesante volver los ojos a Guy Debord y a su teoría sobre la sociedad del espectáculo que lo invade todo en la actualidad. Una teoría que se ha ido extendiendo de los más adultos a los más jóvenes que hace que poco a poco estos últimos cuando estudian dejen de plantearse que son aquellas sombras que se reflejaban en la caverna de Platón o como es posible que haya miles de millones de estrellas en el universo bajo un equilibrio inestable.
Guy Debord decía que cuanto más se contempla menos se vive, cuando estamos mirando la pantalla o asistimos a cualquier espectáculo (entiéndase por ejemplo deportivo y no una obra de Shakespeare) no empleamos tiempo en pensar porqué suceden las cosas o asuntos presentes o pasados que nos rodean.


Continuaba Debord diciendo que cuanto más te reconoces en las imágenes dominantes menos comprende su propia existencia y su propio deseo. Esto me lleva a pensar en esa masa enfervorecida que acude o contempla espectáculos de fútbol y que han dado a la historia algunos eslóganes que serán recordados por siglos como aquellas teorías de los filósofos clásicos. Estoy hablando de lemas como "Luis Enrique tu padre es Amunike", "Fernando Torres lorolololo..." o bien "Alcohol, alcohol, he venido a emborracharme, el partido me da igual" ¿Pero hasta que niveles puede llegar la idiotez humana? Indudablemente mientras cantas estos grandes eslóganes contemporáneos no estas pensando en la alienación que el estado ejerce contra ti, en caso de que lo esté haciendo.
Concluía Guy Debord que el espectador no encuentra lugar de reflexión en ninguna parte, porque el espectáculo está en todas partes. Y lo curioso del tema es que tenía razón. Y como podemos observar desde más jóvenes se va produciendo este fenómeno, películas, videojuegos, actividades deportivas, redes sociales, la vida a través de una pantalla. Ya los romanos sabían como entretener al pueblo llenando cada día el coliseo y repartiendo pan de forma gratuita entre los ciudadanos, inmersos en las carreras de cuadrigas faltaba tiempo para plantearse la pérdida de democracia que supone el imperio con respecto a una república imperfecta, pero mucho más representativa.
Para ampliar información se puede consultar el libro de Guy Debord "La sociedad del espectáculo" Champ Libre 1967


sábado, 28 de mayo de 2016

La sociedad global del espectáculo

Guy Debord es uno de los grandes pensadores de la Internacional Situacionista y un activo durante la revolución de Mayo de 1968 en Francia. Dotó de contenido teórico a ese movimiento, revolucionario en cuanto a ideas aunque débil en la aplicación práctica de muchas de ellas, lo cual no quiere decir que no hubiera logros que tuvieron como germen las protestas en las fábricas y la Universidad durante esas fechas.
Guy Debord
Se me ha ocurrido citar a uno de mis pensadores favoritos debido al ambiente que estamos viviendo durante este fin de semana, simplemente por corroborar que sus teorías tienen plena vigencia y que sus vaticinios se han cumplido desde el primer punto hasta el último, si hubiera nacido en la Edad Media le calificaríamos como Nostradamus, no me cabe ninguna duda.
Decía Guy Debord que la vida cotidiana es un fracaso y que nuestros deseos han sido completamente reprimidos por un estado que busca la distracción del sujeto para centrarse en el dominio de la situación. La vida cotidiana se reduce al trabajo y al tiempo libre, y ese estado capitalista trata en todo momento de llenar ese tiempo libre para anular la personalidad del sujeto, no siendo que este se vea obligado a pensar. ¿Cual es la manera de llenar ese tiempo libre? Con espectáculo, reduciendo la novedad a la mínima expresión.
Todo esto vino a mi mente cuando faltan pocas horas para la celebración de la final de Champions en Milan entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid. Viendo la televisión todas las noticias estaban centradas en ese encuentro y en la gran cantidad de gente que se ha desplazado hasta allí, sin duda para disfrutar de un espectáculo efímero que en nada va a cambiar la vida de todas estas personas sino solamente alimentar el sistema con grandes ingresos por todo tipo de actividades, desde la retransmisión del partido, publicidad, viajes y estancias, comidas y consumo desaforado como si no existiera el mañana. Y todo por el "yo estuve allí" una frase que se ha generalizado y que nos lleva a simplemente decirla sin analizar lo que realmente pudimos ver en ese lugar, se trata pues de una apariencia completamente vana y vacía.
Volvemos a los situacionistas porque estos decían que el estado era el encargado de ejercer este control sobre la gente, creando necesidades ficticias que servían para satisfacer  pequeños instintos primarios que por supuesto no eran necesidades fundamentales, las cuales podían llevarnos al activismo político.

Muntean/Rosemblum paradigmas del comportamiento contemporáneo

Es decir, las personas que se encuentran en Milán o todos aquellos que no hacen más que hablar de este partido de fútbol como si fuera el hecho más importante del siglo XXI, no están pensando en ninguno de los problemas que tiene la sociedad y que exigen una respuesta o por lo menos un posicionamiento que lleve al cambio. Pobreza, desigualdad, desempleo, precariedad, recortes, corrupción, violencia, maltrato y un largo etcetera de verdaderas necesidades que necesitan implicación, se ven truncadas porque el espectáculo demanda que se hable de la final de la Champions o bien del último lío sucedido en Gran Hermano, que tiene que haber público para todo.
¿Que pasaría si todo ese esfuerzo y concentración que distrae nuestra mente con estas vanalidades se pusiera al servicio de las necesidades reales de la sociedad? ¿No significaría que habría un avance aunque solo fuera en la falta de dejadez y en la reclamación de un vida mas digna para cada uno de nosotros? Son realmente cuestiones sobre las que reflexionar.
La sociedad del espectáculo, volvemos a los situacionistas, se traduce en un estado de pasividad contemplativa fomentada por diferentes organismos de poder, se trata de una relación social donde las imágenes fijas o en movimiento juegan un papel fundamental. Mientras contemplamos esas imágenes nuestras mentes no están ocupadas pensando en otra cosa que no sea ellas mismas, de manera que se apartan los problemas porque la gente está distraída en otra cosa. No solo el estado sino también los medios de comunicación, sobre todo la televisión, trata cada día que se consuma la mayor cantidad posible de "nada" y no tenemos más que analizar o pensar en cualquier programa que se encuentre en la actual parrilla televisiva. Ellos son grandes culpables y contribuyentes vip al espectáculo contemporáneo.

Los Costus abanderados de la nueva figuración madrileña de los 80

Asistí ayer a una charla donde se comparaba la televisión de los años 80 con la actual. Durante los años 80 y esto es verdad la televisión trataba en algún momento de educar o por lo menos incluía programas educativos, interesantes, de los cuales se podía extraer un pequeño avance cultural, programas divulgativos de todo tipo y color, científicos, musicales, libros y debates. Pero eran debates donde las personas que acudían eran intelectuales, con una formación específica, dispuestos a que su argumento fuera una lección de la que se pudiera establecer una conclusión. Si comparamos esos debates con algunos actuales nos daremos cuenta que han sido sustituidos por simple espectáculo, donde no existen los argumentos y donde lo único que tenemos son fanáticos. Erich Fromm decía que el fanático es una persona excesivamente narcisista, alguien muy próximo a la psicosis depresiva, una persona completamente desconectada del mundo exterior. Este fanático ha elegido una causa, no importa la que sea: política, religiosa, deportiva y vive solo para endiosarla; ha convertido la causa en un ídolo y sometiéndose al ídolo haya sentido vehemente a su vida.
No podemos estar más de acuerdo con estas palabras de Fromm, publicadas en su libro La Condición Humana Actual editado en el año 2009. Como vemos podemos aplicarlas tanto al tertuliano televisivo como al que asiste al partido de Milán convirtiendo su causa en la única realidad.
Vivimos pues momentos complicados, de gran desazón por el comportamiento que se puede contemplar a nuestro alrededor. Es triste observar como los vaticinios que Guy Debord había realizado han sido superados y llevados al extremo para crear seres no pensantes sino simples máquinas de consumo en todas sus vertientes, tanto en productos materiales como en espectáculo.
Los textos alusivos a Guy Debord y las teorías situacionistas han sido sacados del libro de Mario Perniola titulado Los Situacionistas publicado en el año 1972 por la editorial Acuarela y Machado.

Antonio Berni. Manifestación

lunes, 22 de abril de 2013

La banalización de la palabra cultura

¿Cultura o espectáculo?
La cultura es una palabra que en los últimos años se ha puesto muy de moda y que pensamos actualmente se  encuentra al alcance de todo el mundo. Pero con los hábitos de consumo actuales, la cultura ha pasado a ser uno más de ellos, se consume y se programa cultura igual que se come un plato de espaguetis o se consume cultura al mismo tiempo que se degusta ese plato de espaguetis.
La democratización de la cultura ha provocado que esta pase a formar parte del espectáculo, ampliando los horizontes de lo que hasta ahora entendíamos por cultura. ¿Podemos calificar como cultura un concierto de los Rolling Stones? Tal vez si preguntamos a los asistentes al concierto un alto porcentaje nos diría que si, pero nosotros tenemos ciertas dudas al respecto. Estamos mas cerca del entretenimiento en el tiempo de ocio que de una actividad cultural.
¿Es posible visitar el Guernica de Picasso y calificarlo como una actividad cultural? Pues depende de la actitud del visitantes, muchos de los que contemplan el cuadro no disponen ni consultan la información necesaria para conocer porqué se pinta de esa manera y que es lo que trata de transmitir, se ha sustituido el porqué por el "yo estuve allí", de manera que el "estuve allí" forma parte de nuestra conversación diaria mas que la posible discusión por el tema que trata ese cuadro o el porqué de la estructura de construcción de las casas de Londres, por hablar de otro tema.
Vivimos en una sociedad donde lo único que importa es el espectáculo y el entretenimiento  las pantallas han provocado que hayamos convertido en hábito de consumo lo que debería perdurar, pero en cambio observamos que los productos que se nos ofrecen solo duran mientras son rentables, una vez que han sido consumidos pasan al olvido más absoluto y no sirven para generar debate, para el cuestionamiento o el avance de la sociedad. No tenemos más que pensar en algunas de las películas que nos ofrecen cada fin de semana, donde sentados en nuestra butacas podemos realizar abstracción de todo, ya que nuestra mente no necesita pensar absolutamente nada, nos dan todo hecho, solo tenemos que mirar las diferentes explosiones, matanzas, especulares planos o destrucciones masivas. Como decimos esto sirve para pasar el rato pero no para el avance cultural o reflexivo.
Algo similar tenemos al contemplar la televisión cada vez más llena de tertulianos que hablan de cualquier tema y que han sido capaces de desplazar a los intelectuales de las tertulias,  que lo mismo saben de política que de los últimos avances científicos y siempre tienen una opinión sea el tema que sea el que deben tratar. Las noticias están salpicadas de escándalos, normalmente abren con la destrucción de la última tormenta o bien con la nieve que hay en alta montaña, algo completamente obvio si pensamos que estamos en invierno y que a partir de cierta altura las precipitaciones son de nieve. No hablemos del tipo de noticias que nos venden cada día, acerca de los asesinatos, violencia, destrucción, guerra. Pero como decía Octavio Paz, somos perfectamente capaces de pasar de la Guerra en Siria y los últimos muertos provocados por un bombardeo al último concierto que Madonna ha ofrecido a sus fans. Oye como si no pasara nada, eso si que es sorprendente.
Pero todos se han apuntado al carro de la cultura, quizás porque queda bien y porque ser cultureta esta de moda. Así tenemos a políticos que hablan sobre el tema, actores de cine, artistas, periodistas rosas...Todo el mundo tiene una opinión y puede hablar sobre cultura, lo extraño es no encontrarse entre los que opinan a quien realmente debería hacerlo, a quien esta realmente preparado para ello, a aquel que puede proponer un cambio a este modelo de sociedad del espectáculo en el que vivimos actualmente  Los preparados no opinan o su opinión interesa tan poco que no aparece reflejada en unos medios de comunicación que viven del escándalo mas que de la reflexión.
La democratización de la cultura ha traido como consecuencia su banalización y la frontera entre lo que se califica como cultura y lo que es espectáculo ha quedado reducida al mínimo, siendo la verdadera cultura, la alta cultura patrimonio de unos pocos que escondidos o secretos plantean realmente avances para nuestra sociedad, pero que tristemente no llegan a un público ávido de consumo y de novedad, que devora una noticia tras otra sin prestar ninguna atención a lo que realmente se está diciendo.
Rafael López Borrego