miércoles, 16 de julio de 2014

Richard Billingham y el concepto de lo cotidiano

Nuestro artista de hoy no tuvo una vida fácil, su entorno familiar se vio desestructurado desde una edad muy temprana. Cuando Billingham tenía diez años su padre fue despedido de su trabajo como maquinista y decidió no volver a trabajar e intentar vivir de los subsidios sociales, convirtiéndose en un alcohólico. Mientras su madre, con tendencia a la obesidad se pasaba el día fumando, haciendo puzzles y cuidando de sus mascotas por las que tenía cierta obsesión.


Billingham decidió retratar ese mundo, el día a día de una familia que se había visto obligada a vender su casa debido a la necesidad económica, para acceder a un piso de protección social donde en poco espacio tenían que desarrollar su vida diaria. Un lugar donde la incomunicación estaba tan presente como el hastío del día a día. El silencio se impone y la comunicación ha sido sustituida por otros elementos que van desde la televisión al alcohol o simples entretenimientos pasajeros.


Se trata de la vida cotidiana del artista, pero debemos tener en cuenta que lo cotidiano a veces se transforma en siniestro, es decir lo que es normal para mi porque resulta habitual en mi comportamiento diario, puede resultar extraño para otra persona que adopta o tiene otro tipo de costumbres o comportamiento en la intimidad. El miedo a lo desconocido nos aterra, porque no queremos cambiar nuestras propios vicios o rutinas[1].
Marc Quinn. Self
Pero, pese a ello, muchas veces parecemos obsesionados por conocer las costumbres de los demás (un ejemplo claro son los programas de televisión donde aparecen famosos o pseudofamosos). Nos interesa demasiado lo que ocurre en sus vidas, nos resulta raro (en un sentido cargado de morbo), diferente. En ocasiones su comportamiento nos produce cierta desazón. Todo ello nos lleva a compartir parte de sus vidas, como si les conociéramos de algo, como si fueran parte de nuestra propia familia, como si al encontrarlos por la calle les saludáramos por su nombre de pila porque lo hemos escuchado tantas veces que resultan tan familiares ya que conocemos alguno de sus secretos. Pero en realidad no sabemos nada, su vida privada es eso, solo privada de la cual solo por morbo llegamos a tener algún tipo de información que los comentarios posteriores con otras personas pueden convertir en algo siniestro. 
Quizás solo podemos hacer comparaciones entre los artistas que muestran su entorno cotidiano y nuestro propio entorno, intentando buscar similitudes o diferencias con lo que ocurre en nuestras vida diaria y en nuestra forma de actuar respecto a un tipo concreto de situación. En las diferencias podemos escrutar nuestros propios miedos.

Enrique Marty

Sigmun Freud decía que lo siniestro es algo familiar que de repente se ha vuelto extraño, incluso algo inanimado que de repente cobra vida, indudablemente en esto último tenía razón. Pero insiste en que lo siniestro se encuentra dentro de lo familiar, algo que debió permanecer oculto pero que sale a la luz y aparece como si fuera extraño, raro, diferente.
En la época en la que vivimos cada día vamos acumulando miles de noticias e información, alguna de ellas relevante y otras completamente irrelevantes (la gran mayoría), pero vivimos rodeados de imágenes y noticias. Incluso llegamos a sentir angustia en algunos casos si no conocemos las noticias del momento, miramos con ansia el internet o nos sentamos frente al televisor a la hora marcada para ver que es lo que ha pasado, si ha llegado el fin o la catástrofe es inminente.

Ron Mueck. Dady

Otros artistas españoles también han utilizado miembros de su familia en sus composiciones, estoy pensando en Enrique Marty que integra a su padre y madre en sus dibujos y pequeñas esculturas mostrándolos en diferentes actitudes tanto cotidianas como grotescas en algunos casos.
La vida personal o privada se da cita en otros artistas, muchos de ellos pertenecen a la generación de los Young Britsh Artist[2] como Richard Billingham, por ejemplo Marc Quinn que presentó un rostro realizado con su propia sangre que se había ido sacando durante 5 meses. La obra se llamó "Self", la artista Tracey Enim que nos mostró la intimidad de su habitación completamente desordenada en uno de los peores momentos mentales de su vida o el maravilloso escultor hieprrealista Ron Mueck que en 1996 realizó una escultura de su padre muerto y completamente desnudo. Quizás porque como dice Fernando Castro Flórez "nuestra vida contemporánea nos lleva a tocar aquello que nos aterra, a revolvernos en la inmundicia de soportar mejor la imposibilidad del intercambio simbólico. Muchos artistas buscan la redención de los desechos. El asco está unido al peligro"[3].

[1]"Hablar del entorno cotidiano mediante el arte puede servirnos como terapia para ver reflejados nuestros propios miedos, amores, temores y resoluciones cotidianas que ahora parecen hacernos reflexionar desde el otro lado. Y es que en lo cotidiano hay siempre algo enigmático, extraño, raro; lo cercano deja de serlo cuando somos conscientes de que lo aparentemente próximo ha dejado de estarlo" Tania Pardo. Lo doméstico: territorio (des)conocido. Revista Lapiz. Número 192. Pag 30
[2]Quizás todos ellos buscando un nicho de mercado en algo tan de moda como mostrar la vida íntima para generar el necesario morbo y desasosiego en el público que contempla la obra y establece comparaciones.
[3]Fernando Castro Flórez. Mierda y Catástrofe. Síndromes culturales del arte contemporáneo. Madrid. Forcola Ediciones 2014

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