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domingo, 19 de abril de 2015

El Alcázar de Sevilla para niños

Este magno palacio, residencia de reyes tanto musulmanes como católicos, se encuentra situado en el centro de la ciudad, justo frente a la puerta sur de la Catedral de Sevilla y ocupa un amplio espacio no solo en los edificios que incluye sino también en el jardín que conserva, que tiene un tamaño considerable en extensión.
El Alcázar es uno de los principales monumentos de Sevilla, un edificio que tiene varias épocas de construcción desde el siglo XII hasta el siglo XX, pero al que podemos calificar en su mayoría como mudéjar, es decir realizado por arquitectos y alarifes arabizados contratados por los católicos que conquistaron la ciudad en el siglo XIII. Es decir, aunque se construye en su mayoría en época católica mantiene características decorativas propias musulmanas, ya que fueron estos los que completaron la obra.
Esto se aprecia muy bien en la fachada que incluye una gran profusión decorativa formada por elementos vegetales, textos tomados del Corán (serán de la Biblia si son católicos los que lo construyen) y arcos ciegos polilobulados cuya función únicamente es decorar, con total ausencia de representaciones humanas o animales que el libro sagrado prohibía.


 Uno de los elementos distintivos del edificio son los azulejos que decoran cada una de las estancias, son de gran belleza y van variando la decoración dependiendo del lugar donde nos encontremos en cada momento. La tradición del azulejo (en parte para proteger las paredes de la humedad), ha continuado hasta nuestrois días en Sevilla sirviendo como aislante y decorando patios y viviendas.
El patio de las doncellas es uno de los más bellos del edificio, allí se unen elementos típicos musulmanes como son: la presencia del agua, la presencia de la naturaleza y la arquitectura. Todos ellos integrados. En este caso los arcos polilobulados decorados con sebka son de gran belleza. Debemos observar el patio como centro de la vida familiar y lugar de distribución de las habitaciones con las que contaba el palacio.
Dentro de las estancias podemos hacernos una idea de como eran las habitaciones de la época ahora desnudas, pero que nuestra imaginación debe llenar de armarios, colchones y cojines.
La sala más espectacular es sin duda el Salón de los Embajadores con su espléndida cúpula con forma de media naranja decorada en colores rojo y amarillo con motivos de mocarabes, es solo una de las muchas cubiertas de madera que cambian su decoración dependiendo de la sala donde estemos. En esta sala se puede apreciar el "horror vaci" es decir el temor al vacío, por lo que toda la pared se llena de decoración con los motivos antes indicados en la fachada, a ello se unen también escudos de Castilla y León que nos hablan de la presencia cristiana en Sevilla durante la construcción.
Los baños es una de las partes más interesantes, ya que aunque reformados en la cubierta conservan la piscina original y nos dan una idea del concepto de limpieza que tan importante era para el mundo musulmán en la Edad Media, pensemos por ejemplo que en la ciudad de Córdoba existían en el siglo IX 800 baños públicos.
El jardín, dividido en varias partes, es muy grande, debemos verlo como un lugar para pasar el tiempo libre, para disfrutar de un paseo protegido por la sombra de los árboles, tratando de huir del calor del verano sevillano. Aunque moderno, el jardín incluye un pequeño laberinto que era muy típico en los edificios musulmanes.
No queremos terminar sin destacar la presencia de algunos personajes históricos en el Alcázar, como por ejemplo los Reyes Católicos, que desde aquí llevaron la conquista de Granada que duró 10 años y entre cuyos muros nació su único hijo varón, el príncipe Juan. También señalar la presencia del rey Carlos I, que se casó en la Catedral de Sevilla y celebró en una de las salas del Alcázar la posterior fiesta decorada con grandes escudos del imperio español y de Portugal de donde era la princesa Isabel. También de Carlos es un cenador que se puede observar en el acceso al jardín del Alcázar, justo al lado del laberinto. Hay otros muchos, Alfonso XII es otro de ellos al que le gustaba escaparse al barrio de Santa Cruz por la noche intentando no ser reconocido en sus escapadas.

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