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lunes, 28 de enero de 2013

El Cristo Crucificado de Diego Velázquez


Esta obra de Velázquez, pintada poco después de su primer viaje a Italia, en la década de los 30, se encuentra actualmente en el Museo del Prado. Supone un cambio frente a sus obras de carácter sevillano que había comenzado en algunas obras que ya habíamos visto como por ejemplo La Túnica de José. Nos referimos a la influencia intaliana de despojar a la figura de toda la ropa posible, en este caso hasta que ya no puede más, cubriendo con el paño de pureza la zona que no debe ser vista.
El Cristo mantiene por otra parte la influencia andaluza, en la serenidad de la figura, que no sufre excesivamente el castigo, por eso tendría cuatro clavos, que Velázquez utilizado siguiendo la remonedacionde su maestro Francisco Pacheco y que habíamos visto en otros ejemplos como el Cristo de los Cálices, realizado por su amigo y escultor Juan Martínez Montañés. De igual manera para que el peso del cuerpo no caiga hacia el suelo, el artista coloca un reposapies debajo de los mismo que hace que la figura adopte una pose apolinea cargando el peso sobre la pierna derecha y descansando la izquierda.
Influencia andaluza se nota también en la poca sangre que tiene el Cristo, tan solo algunos restos en la mano y en los pies, que resbala por la madera de la cruz , tambien en la herida del costado que llega a manchar en parte el paño de pureza, lo cual nos indica que el Cristo está muerto (muchos Cristos andaluces por el contrario se encuentran vivos frente a los castellanos que siguiendo modelo de Gregorio Fernández aparecen muertos y envueltos en sangre para destacar el dolor y sufrimiento de la figura). 
Consecuencia de la muerte es la inclinación de la cabeza, ya no puede sostener el peso y esta cae hacia delante, provocando que el pelo tape la mitad de la cara.
El hiperrealismo fotográfico igual que en sus primeros trabajos y la serenidad de la figura son dos de sus elementos mas característicos.
Curioso es sin duda el letrero de la parte superior de la Cruz, escrito von todos sus carcateres y en tres idiomas, hebreo, Griego y Latin donde podemos leer claramente Jesus Nazareno Rey de los Judíos.

lunes, 19 de noviembre de 2012

La fragua de Vulcano de Diego Velázquez para niños


Esta obra estaría pintada durante el primer viaje que Velázquez realiza a Italia, concretamente entre los años 1629-1631. No es una obra que fuera objeto de un encargo específico sino que el pintor la hace porque le apetece desarrollar este tema y su potencial artístico. Lo mismo sucede con la obra que también realiza en Italia en este caso con tema religioso, La Túnica de José.
El tema resulta extraño para la pintura española, ya que se trata de una historia del la mitología y los artistas españoles estaban más unidos a la tradición religiosa en este ámbito plástico. Pero el conocimiento que Diego Velázquez tenía tanto de la colección de pintura del rey Felipe IV como la influencia que recibe tras su viaje por Italia y su tradición de representar historias de la mitología, hacen que no sea extraño que el artista sevillano se adentre en este tipo de representaciones.
La historia representa el momento en que el dios Apolo se presenta delante de Vulcano (que se encuentra fabricando armas para el dios de la guerra Marte, concretamente un armadura)  para comunicarle que su esposa Venus, le ha sido infiel con el dios de la guerra. Deahí la cara de sorpresa tanto de Vulcano que deja de martillear sobre el yunque como de alguno de los personajes que se encuentran a su lado.
Es muy destacable la utilización de personajes populares, frente a la idealización del dios Apolo, todos los personajes que trabajan en la herrería son modelos de la calle, lo único que ha aprovechado Velázquez es la opción de mostrar a estas figuras con el pecho descubierto tanto de frente como de espaldas.
Una de las obsesiones del pintor será ganar en profundidad en sus obras, esto lo consigue no solo colocando unos personajes detrás de otros o haciendo más pequeñas las figuras del fondo respecto al primer plano, sino que utiliza "emparedados de espacio", es decir enfrenta figuras unas a otras como si fueran un bocadillo, de manera que así gana en profundidad.
Por último hay que destacar sobremanera el realismo con el que trata Velázquez los objetos metálicos, cristales y cerámicas que aparecen en la obra. No tenemos más que fijarnos en la armadura que se encuentran trabajando en la parte derecha del cuadro, los diferentes objetos de trabajo como yunques o martillos o bien el pequeño jarrón de cerámica de color blanco que aparece en la parte posterior del cuadro, se trata de un realismo que roza lo fotográfico.