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domingo, 7 de mayo de 2017

La iconografía del San Francisco de Asis

San Francisco de Asís es una de las figuras que más devoción ha tenido desde la Edad Media hasta nuestros días. Fundador de diferentes órdenes religiosas, se trata de una figura cuyas historias y leyendas se han contado a lo largo del tiempo, algunas de forma exagerada y otras que reflejan perfectamente la personalidad y la humildad del santo.
Es una figura canonizada por la iglesia pocos años después de su muerte, concretamente en el año 1228.


Uno de sus hechos más representados es la estigmatización que el santo sufría cuando rezaba, normalmente delante de un cráneo. Se le suele representar con su hábito, en muchas ocasiones remendado, dada la austeridad de San Francisco, y con las heridas en las manos y en los pies de las que se encuentra brotando sangre. Así lo podemos observar por ejemplo en una de mas conocidas obras de Bartolomé Esteban Murillo o de Francisco Zurbarán.


Pero nos ha parecido más interesante otra leyenda que dio origen a una iconografía concreta que se va a representar sobre todo en época barroca. La historia cuenta que el Papa Nicolas V, que vivió a mediados del siglo XV, se encontraba visitando la cripta en la Basílica conde se encontraba depositado el cuerpo del santo. Abrió la cripta y encontró el cuerpo intacto del santo, se encontraba de pie, con los ojos abiertos y los estigmas de las manos y los pies se encontraban manando sangre todavía. Es decir como si la figura estuviera viva.
Es un modelo iconográfico que se repitió a lo largo del barroco y que algunos escultores van a repetir con profusión, Por un lado lo encontramos en obras de Gregorio Fernández, una figura con un hábito de color casi negro, los ojos entreabiertos y las marcas de los estigmas en una de sus manos.

San Francisco. Bartolomé Esteban Murillo

Pedro de Mena será el otro modelo interesante de esta iconografía, una figura mucho más delicada y con un tratamiento del rostro muy típico del artista, con las cejas onduladas y la boca entreabierta, que permite observar los dientes de la figura. Tiene los ojos mucho más abiertos que la de Fernández, de hecho, da impresión de mirar al cielo, buscando una respuesta a una pregunta realizada. Conserva el hábito, aunque las manos se encuentran metidas dentro de él, con lo que es imposible poder observar los estigmas en las manos como en el anterior.
Como hemos indicado Zurbarán tiene varios cuadros dedicados a este santo, en muchos de ellos se encuentra rezando delante de una cráneo, aunque también encontramos alguna imagen que repite el esquema que acabamos de describir.

San Francisco. Francisco de Zurbarán

domingo, 13 de noviembre de 2016

Dibujos de Velazquez para pintar y colorear

Velázquez es uno de los grandes maestros del arte español y mundial, vivió durante la época barroca, en pleno sigo XVII y es un artista con muchas influencias, desde sus inicios claroscuristas en su Sevilla natal hasta las explosiones de color tras viajar a Italia y entrar en contacto con los grandes maestros de la época.


Para colorear las obras de Velázquez es bueno tener el original delante de nosotros para saber los colores que utilizaba el maestro. En muchos casos se trata de colores divertidos y muy vivos ya que tuvo contacto con la obra de artistas venecianos, que utilizaban colores llamativos para adornar a los personajes que incluían en sus cuadros. De esta manera no es extraño encontrar en Velázquez la utilización del color amarillo, el rojo carmín o el azul turquesa, más extraño es el uso del color rosa que el artista solía utilizar para as bandas que decoraban el pecho de alguno de sus personajes como ocurre por ejemplo en La Rendición de Breda.


Las Meninas es sin duda una de las obras más conocidas del pintor, aunque los colores no parecen muy vivos, tendremos que utilizar muchos, ya que en el cuadro original aparecen zonas muy iluminadas en contraste con otras a las que les llega muy poca luz. Esto lo hace Velázaquez con la idea de conseguir profundidad en sus obras.


Otra de las obras con la que podemos trabajar es la pintura que representa a la Infanta Margarita, uno de sus trabajos de última época donde predominan los colores dorados y donde podemos apreciar ese color rosa del que antes hablábamos.


Velázquez es un artista muy completo, que posee un perfecto dominio de la técnica pictórica, desde sus inicios en un estilo cercano al realismo fotográfico hasta cuando realiza paisajes impresionistas tras su segundo viaje a Italia pocos años antes de su muerte.


Su autorretrato con la cruz roja de Santiago en el pecho puede ser otro trabajo que sirva para explicar cosas del artista, como por ejemplo que la Cruz de la Orden de Santiago le fue entregada por su labor en palacio como embajador no como pintor. Ese ascenso social, imposible para un pintor, era muy importante para Velázquez, que había conseguido una buena posición trabajando en la corte para el rey Felipe IV.


domingo, 30 de octubre de 2016

El maestro barroco Alonso Cano para niños

Alonso Cano es uno de los grandes referentes del arte barroco español, entre otras cosas porque fue un maestro completo, es decir practicó y con éxito las tres grandes artes. Fue arquitecto, escultor y pintor, dejando importantes obras en cada una de las disciplinas, aunque si le preguntáramos al artista nos diría que era pintor por encima de las otras funciones.


Alonso Cano era granadino, allí nació en el año 1601, era el lugar donde vivía su familia. Allí se padre se dedicaba a ensamblar diferentes retablos en iglesias y conventos. Parece que desde niño destacó en el dibujo, aunque fuera de refilón vivió el ambiente artístico en su casa. Fue el pintor Juan del Castillo el que recomendó a su padre que se trasladara a Sevilla para tener una formación artística mucho más completa que en su ciudad de origen.
En Sevilla, donde llegó en el año 1614, entró como alumno en el estudio de Francisco Pacheco, donde coincidió con Diego Velázquez, una amistad que mantuvo a lo largo de los años, tanto en Sevilla como después en Madrid. Un ejemplo de esta amistad lo tenemos en el cuadro de La Rendición de Breda, donde aparecen representados los dos artistas, a la derecha Velázquez y a la izquierda, mirando al espectador, Alonso Cano.


Llegó a Madrid algo más tarde que Velázquez pero también trabajó en la corte como pintor del Conde Duque de Olivares, primer ministro de España en ese momento. En la capital y como le ocurre a otros artistas como Velázquez o Zurbarán, sufre una evolución tras observar la colección de pintura veneciana con la que contaba el Palacio Real, abandona el tenebrismo en el que había aprendido, se iluminan sus cuadros y su paleta gana en colorido.
No era Alonso Cano un gran modelo de comportamiento, aunque sin llegar al nivel de Caravaggio, tuvo muchos problemas con peleas, juicios y desafíos con otras personas. Todo ello posiblemente le llevó a ser acusado del asesinato de su esposa en el año 1644. No pudieron acusarle, aunque fue torturado, pero este hecho va a acabar con su carrera en la capital. Para protegerse tuvo que hacerse sacerdote y tras una estancia breve en Valencia, terminó refugiándose en su ciudad natal.
Allí realizará grandes obras, sobre todo en escultura (su Inmaculada para el facistol de la Catedral del Granada es una maravilla) pero también en arquitectura donde realizó la fachada principal de la Catedral cuando ejerció como maestro mayor de la misma.
Consideramos a Alonso Cano como un gran escultor, algunos de sus modelos perviven a lo largo del tiempo, ya que alguno de sus alumnos será de los más destacados del país, nos referimos a Pedro de Mena, escultor de origen malagueño que fue alumno de Alonso Cano. La forma de representar detalles en el rostro, la colocación de las manos, la forma romboidal de sus inmaculadas o la distribución de la sangre en las figuras de Cristo serán algunas de sus principales características.
Alonso Cano falleció en la ciudad de Granada en el año 1667.


domingo, 21 de febrero de 2016

El pintor francés George La Tour para niños

George La Tour puede ser considerado el mayor representante del los pintores tenebristas franceses que tuvieron su actividad en la primera parte del siglo XVII. Ahora que el Museo del Prado dedica una exposición a este artista aprovechamos para conocer un poco más acerca de su vida y su obra.


A George la Tour le sucede como a El Greco, tuvo éxito en vida, pero una vez que falleció, sus obras cayeron en el olvido y no fueron recuperadas hasta mediados del siglo XX, con motivo de varios estudios realizados sobre el tema.
El artistas estuvo afincado en el ducado de Lorena, un territorio independiente que se encontraba casi todo este tiempo en disputa entre el estado francés u el imperio Austro-Hungaro. El artista se vio afectado por diferentes saqueos, pillajes, entradas de diferentes ejércitos y la guerra de los 30 años, que tiene lugar por ese momento.
Para poder centrarnos en las fechas sobre las que estamos hablando debemos decir que George La Tour nació en 1593 y falleció en 1652. Por tener una idea similar sobre estas fechas Diego Velázquez vivió en unas fechas similares a las del artista francés 1599-1660


En esta época muchos artistas europeos están influidos por el tenebrismo, del cual podemos decir que había dos grandes escuelas. Primero la italiana, con Caravaggio al frente, un avanzado a su época con un uso magnífico del claroscuro y un realismo descarnado que llamaba la atención a los habitantes de Roma en ese momento. Una segunda escuela sobre el tenebrismo la tenemos en los Países Bajos, en concreto la escuela holandesa establecida en Utrech, con los que La Tour tiene más conexiones. No sabemos si el artista realizó algún viaje a estos lugares o bien si es posible que a través de reproducciones conociera muchas de estas obras realizadas en la época.
La gran originalidad de la obra de George la Tour se encuentra en el elemento que ilumina la escena representada, se trata normalmente de una vela o un candil, a veces una antorcha. Se trata en cualquier caso de una luz artificial que puede iluminar más la parte izquierda o derecha del mismo. Esto muestra una gran diferencia con Caravaggio donde la luz suele ser artificial y proviene de un punto externo (situado en la parte izquierda) que es difícil de identificar.
La mayoría de los temas representados son religiosos y escenas de devoción, no se dedicó a otros géneros. Sus pinturas transmiten un gran equilibrio. Sin duda es uno de los artistas más importantes del barroco y el máximo representante francés del momento.


domingo, 13 de septiembre de 2015

Los arrepentimientos de Diego Velázquez

Velázquez es uno de los grandes genios de la pintura, quizás uno de los mas grandes que ha dado España a lo largo de los siglos. Su manera de pintar, sus obsesiones y alguno de los avances que provoca en la pintura de su tiempo le convierten en un aventajado respecto a otros artistas tanto de su mismo tiempo, como posteriores a él.


Pero nadie es perfecto y como humano Velázquez también cometía errores cuando pintaba. Cuando cometía un error, bien de proporción o de distancia en vez de dejarlo como estaba lo corregía borrando o tapando con pigmentos la parte que no le interesaba y pintando la nueva parte al lado. En un primer momento nadie se daba cuenta, entre otras cosas porque la pintura estaba muy reciente, pero con el paso de los años algunos de los pigmentos aplicados se han perdido y han salido a la luz estas correcciones que pueden apreciarse perfectamente.
Una de las ventajas de Velázquez respecto a otros artistas es que las obras que fueron pintadas por él no se vendieron ni se trasladaron a otros lugares sino que se encontraban en su propio lugar de residencia, con ello era mucho más fácil poder darse cuenta de estos pequeños errores y ponerse a trabajar sobre ellos.
Y es que ponerse a pintar no es tan fácil como parece. Hay que tener una perfecta idea de la proporción, tanto en personas, animales o en paisaje. Me viene a la cabeza imágenes del maestro sevillano de Velázquez, Francisco Pacheco, cuya idea de la proporción estaba completamente distorsionada, pintando por ejemplo objetos excesivamente pequeños para su distancia respecto al primer plano. Zurbarán también cometía este tipo de errores.
Vamos a ver algunos de estos ejemplos de los arrepentimientos de Velázquez: 


Como podemos apreciar tanto en el original como en el detalle, este caballo en su parte trasera da impresión de tener una pata de mas.


En este retrato de Felipe IV como cazador si nos fijamos tanto en el brazo como en la pierna se nota perfectamente que la posición del monarca ha sido corregida


La calabaza que aparece en la parte derecha del cuadro ha sido pintada de nueva, quizás la posición inicial de la primera no le convencía del todo.


En esta representación del bufón Diego de Acedo se nota que no tuvo otro sitio donde limpiar los pinceles después de utilizar el negro que en la parte trasera del cuadro, luego lo cubrió con un paisaje, pero, como hemos dicho, el desgaste de los pigmentos han hecho volver a aparecer estas manchas negras sobre el paisaje de montañas posterior.

domingo, 9 de agosto de 2015

El rapto de Europa de Pedro Pablo Rubens

De acuerdo con la mitología griega Europa era una bella mujer que vivía en la ciudad de Tiro. Un nombre interesante para una mujer porque finalmente ha terminado dando nombre a nuestro continente.


El dios Zeus se enamoró de esta mujer y para conseguir su amor se convirtió en un toro de color azul que se mezcló con otros animales que tenía el padre de la chica.
En un momento que Europa se encontraba recogiendo flores se acercó al toro y comenzó a acariciarle el lomo. Cuando se dió cuenta que que toro no era bravo se montó encima de él. Ese fue el momento que Zeus aprovechó para entrar en el mar y nadar con Europa sobre sus lomos hasta la isla de Creta.
En Creta Zeus reveló su identidad y Europa se convirtió en la primera reina de la isla. Tuvo tres hijos con Zeus, alguno de ellos con un papel importante en las historias de  la mitología griega, como el primero de ellos de nombre Minos. Los otros dos se llamaban Ramadanis y Sarpedón.
En el cuadro de Rubens podemos  observar como el toro arranca tras notar la presencia de Europa sobre sus lomos, mientras las mujeres que acompañaban a Europa permanecen sorprendidas en la orilla. En el mar vemos la figura de cupido sobre un delfín en una representación de la impaciencia del amor o el amor que no puede esperar, mientras en la parte superior dos ángeles o amorcillos que sostienen arcos y flechas en sus manos anuncian el éxito del dios Zeus en sus propósitos.

Imagen que representa el rapto de Europa realizada en el siglo IV a.c.

domingo, 2 de agosto de 2015

El Cristo de cuatro clavos en la iconografía hispana

La extraña representación de la figura de Cristo crucificado con cuatro clavos comienza a verse en España a principios del siglo XVII y asociada a la ciudad de Sevilla, concretamente a Francisco Pacheco, que en su libro El Arte de la Pintura recomendaba realizar la figura de Cristo de esta guisa cuando hubiera que representar este tipo de escena.

Alberto Durero. Calvario

Según la tradición sevillana en el año 1597 Juan Bautista Franconio trajo de Roma un Cristo de bronce atribuido a Miguel Angel que estaba representado con cuatro clavos, este sería el modelo utilizado por Juan Martínez Montañes para realizar el Cristo de los Cálices en el año 1604, una escultura conservada en una de las capillas de la Catedral de Sevilla, donde puede contemplarse ahora mismo. Ahora, debemos tener en cuenta que las dos figuras de las que hablamos tenían un clavo para cada uno de sus pies, pero los pies estaban cruzados siguiendo las revelaciones de Santa Brígida.
El Cristo que presenta Francisco Pacheco por el contrario en vez de tener las piernas cruzadas tiene las piernas paralelas, así que debemos buscar el modelo de inspiración en otra parte. Y es que Francisco Pacheco se fija en un grabado de Alberto Durero realizado en el año 1523 y que se conserva actualmente en el British Museum de Londres, allí podemos apreciar la figura de Cristo con cuatro clavos, las piernas paralelas y los pies apoyado sobre una pequeña tabla que le ayuda a sostener el peso de su cuerpo y hace la figura mucho más liviana y descansada que si no tuviera nada con lo que sostener el peso de su cuerpo. El Cristo aparece acompañado por las Tres Marías y San Juan, tal como está descrito en el Nuevo Testamento.
Este grabado será interesante no solo para el modelo de Cristo crucificado, ya que Pacheco realizará uno igual que conservamos a día de hoy en la Galería de los Uficci.
Este modelo de Cristo crucificado tendrá gran influencia sobre todo en la escuela sevillana del momento, que vive un momento de esplendor con grandes artistas en sus filas. 
Diego Velázquez pintará dos figuras de Cristo de esta guisa que se conservan en el Museo del Prado, una de ellas representando a Cristo muerto y otra en la que el Cristo se encuentra vivo y con cara de amargura, levanta la mirada al cielo parece que pidiendo algo.
Alonso Cano tambien pintó una obra similar que se conserva actualmente en el Museo de Bellas Artes de San Fernando.
Zurbarán también tiene un Cristo muy similar, con cuatro clavos y con apoyo, uno de ellos se conserva en el Art Museum de Chicago y otro en el Museo de Bellas Artes de la ciudad de Sevilla.
Otros artistas se sentirán atraidos por este modelo, por ejemplo Francisco de Goya, que, años mas tarde, e inspirándose en Velázquez, también realizará un Cristo vivo que tiene muchas semejanzas con su modelo de inspiración.
Así que, como podemos comprobar, aunque no es un modelo que llegara a la mayoría de autores españoles del barroco o posteriores, si tuvo su influencia e importancia, entre los artistas que estudiaron en Sevilla en esa época o bien entre otros que se sintieron influenciados por estos artistas a la hora de realizar obras con una iconografía similar.
La obra de Francisco Pacheco que podemos ver a la derecha se puede fechar en el año 1614, como vemos unos años mas tarde que la realizada por Juan Martínez Montañés y mucho antes de su gran libro dedicado al Arte de la Pintura, que vería la luz en 1641.

Cristo en la Cruz. Diego Velázquez

miércoles, 4 de febrero de 2015

La Venus del espejo de Diego Velazquez

Esta obra de Velázquez debemos fecharla durante el segundo viaje que el artista realiza a Italia entre los años 1649 y 1651, un viaje extraño donde el pintor pasa más tiempo del requerido para las funciones que le habían sido encomendadas.


La Venus del espejo tiene una par de características que debemos destacar. En primer lugar el tema, ya que se trata de una historia de la mitología. Velázquez está representando a la diosa de la belleza. Eso es lo extraño, la temática. Acostumbrados como estamos en España durante esa época y las anteriores a que los temas sean religiosos o bien retratos, la aparición del tema mitológico es algo que nos llama la atención. Es cierto que Velázquez practicó el tema mitológico desde su llegada a Madrid, por ejemplo con la obra conocida como Los Borrachos o El triunfo de Baco y no dejó de hacerlo a lo largo de toda su carrera artística.
En segundo lugar el tratamiento del desnudo. Una característica que era muy común a la pintura italiana pero completamente ajena a la pintura española. Se dice que este es el primer desnudo integral de la pintura española. Tampoco es un desnudo que se recree excesivamente en las formas porque la figura que aparece se nos muestra de espaldas. Solo Velázquez protegido por el rey podía permitirse el lujo de realizar obras de este tipo sin tener que dar cuentas a la Inquisición por ello.
Por lo demás la obra representa el momento en que la diosa Venus contempla su rostro reflejado en una espejo que sostiene su hijo cupido que no aparece en la obra ataviado con sus elementos habituales, que son el arco y las flechas.
Es curioso que Cupido aparece como la figura de un niño algo gordito, que no disimula para nada su barriga. Esto tiene que ver con la inclusión de personajes populares y no idealizados en muchas de las obras del artista sevillano.
Por último debemos destacar que este es un momento en que Velázquez busca dotar a sus cuadros de gran profundidad y busca conseguirlo a través de diferentes métodos. Por ejemplo en esta obra va colocando elementos unos detrás de otros para que en nuestra mente compongamos esa idea de profundidad. Así tenemos: sabana blanca, negra, el cuerpo de la Venus, el espejo, el ángel, una cortina de color rojo y la pared del fondo.
El cuadro se conserva en la National Gallery de Londres y debemos decir que fue agredido por una feminista a principios del siglo XX que lo perforó con un cuchillo por varios lugares. La obra ha sido restaurada y prácticamente no queda ninguna señal de este ataque violento.
Una cosa mas, se ha especulado mucho con un detalle curioso. Es el rostro que se refleja en el espejo. Hay quien dice que supone una contradicción que la diosa de la belleza nos devuelva una imagen fea. No nos atreveríamos de decir que fea pero si resulta extraño que no podamos contemplar el rostro de una mujer tan bella por el hecho de que la imagen reflejada se nos muestre completamente borrosa y poco identificable.
Existen relaciones con otras muchas obras pero quizás La Maja Desnuda de Goya sea la más conocida. Picasso por ejemplo realizó varias versiones del tema al final de su vida.

domingo, 26 de octubre de 2014

La educación de la Virgen de Diego Velázquez

Desde hace unos días se puede contemplar en el espacio cultural Santa Clara de Sevilla esta obra de Velázquez, que ha sido atribuida hace poco tiempo al artista andaluz y que se conserva en la Universidad de Yale, después de un periplo por diferentes lugares que posiblemente hicieron olvidar su autoría, cuando pasado el tiempo el convento carmelita de Santa Ana, decidió liberarse de ella, junto con muchas otras obras de arte que salieron vendidas con destino a Inglaterra.



La devoción de Santa Ana, madre de la Virgen María, se encontraba muy extendida en ese momento en Sevilla, como instructora y educadora de la Virgen, que será en el futuro la madre de Dios. ¿Cual fue su papel y por extensión el de su padre San Juaquín?. Para aclarar este tipo de culto no existían precedentes iconográficos de como representar a la familia en su hogar. Uno de los primeros artistas que en Sevilla realiza una incursión en el tema es Juan de Roelas, unos años antes de que Velázquez pinte el suyo, concretamente en 1612, mientras que la obra de Velázquez sería de 1618.Existía también alguna escultura en la cual se representaba el tema y que habría sido realizada con anterioridad a estas pinturas, teniendo influencia la obra de Francisco Antonio Ruiz Gijón en la forma de representarlo.


La obra de Roelas nos presenta a Santa Ana enseñando a leer a la Virgen María, la cual ricamente adornada  y en edad adolescente, se afana por aprender la lección que su madre parece enseñarle. Todo bajo la atenta mirada de un grupo de ángeles que observamos tras esa cortina que se encuentra recogida.
Hay conexiones importantes que también observamos en la obra de Velázquez, por ejemplo la mesita de la parte izquierda, la presencia de animales, gato y perro, el cajón que se encuentra abierto o los dulces que podemos observar encima de la mesa. Pero hay otros detalles que hacen de la obra de Velázquez distinta a la de Juan de Roelas.
Por ejemplo la disposición de los personajes, en la obra de Velázquez la Virgen ocupa el centro de la composición. Como vemos no se encuentra en edad adolescente sino que es una niña y mira directamente al espectador. Parece que Velázquez siguió las indicaciones de su maestro Francisco Pacheco el cual había criticado a Roelas por pintar una Virgen tan metida en los estudios cuando los conocimientos de la Virgen, siempre según la tradición, llegaron por ciencia infusa, es decir ella ya sabía leer y escribir, pero para no desagradar a su madre hacía como que aprendía. En este caso se introduce también la figura del padre representado como un anciano y podemos ver la figura de un ángel al fondo, vemos solo parte porque la pintura tristemente fue cortada en algún momento de sus diferentes traslados.


Otro de los aspectos destacables de la obra de Velázquez es su tendencia al naturalismo frente al idealismo de Roelas, esa tendencia nos anticipa el inicio de una tendencia general típica del barroco que se debe a la influencia de la obras de Caravaggio y también a las pinturas flamencas que llegaron a España en ese momento. Ese realismo es algo típico de los cuadros de Velázquez de primera época, no solo en los rostros de los personajes sino también en la representación de los objetos que gracias al maestro sevillano dan la impresión de ser verdaderas fotografías. Alejándose de su maestro Francisco Pacheco, Velázquez se decanta por esta tendencia naturalista que no sabemos muy bien de donde pudo sacar, hay quien apunta a un viaje realizado a Toledo lugar donde otros artistas habían viajado a Italia y recogido gran parte de esta corriente que inunda el inicio del barroco. Otros autores también la seguirán en la misma época en Sevilla como por ejemplo Zurbarán.
La obra tiene múltiples conexiones con otros cuadros de esta primera época, como por ejemplo la Vieja friendo Huevos o la Cena de Emaus con todas las características descritas y esa tendencia general al claroscuro que no llega todavía a ser radical, pero que marcará sus obras hasta que realice su primer viaje a Italia una vez que ya se había asentado en Madrid. Eso por no hablar de los pliegues que se encuentran en las vestiduras de los personajes o los modelos que parecen repetirse en varias obras.

Luis Tristan. La Sagrada Familia. 1613

miércoles, 9 de abril de 2014

El pintor José de Ribera para niños

Ribera es uno de los pintores españoles más interesantes de la época barroca. Diríamos que aunque el barroco esta presidido por Velázquez la personalidad de Ribera emerge como el segundo artista más importante del momento después del pintor sevillano.


Si tenemos que componer una pequeña biografía de José de Ribera debemos decir que era valenciano, mas concretamente Xetabense, ya que así firma con orgullo muchos de sus cuadros aludiendo a su ciudad de origen, Játiva. Allí nació en el año 1591 en el seno de una familia modesta, su padre era zapatero.
No sabemos con quien realiza sus estudios, la personalidad más fuerte a nivel artístico en  la zona en ese momento es Francisco Ribalta, aunque las obras de Ribera se alejan fuertemente de las de su supuesto maestro, lo que nos hace dudar esta afirmación.
Muy joven se traslada a Italia, con apenas 20 años aparece en Parma para después viajar a Roma, donde se comenta que llevaba una vida bastante bohemia donde trabaja solo para pagar lo que necesita y donde adquiere varias deudas como consecuencia del juego, quizás esa sea la razón por la que debe abandonar la ciudad perseguido por acreedores y la justicia de la época.
El caso es que en el año 1616 ya se encuentra en Nápoles (recordemos que en ese momento Nápoles era territorio español) donde se casa con una mujer rica y donde permanecerá asentado el resto de su vida, realizando encargos nos solo para esa ciudad sino para muchas ciudades españolas que requieren sus servicios y su buen hacer como pintor. Allí fallecería en el año 1652.
En cuanto a las características de la pintura de José Ribera podemos decir que sufre una fuerte evolución ya que tiene una gran influencia del claroscuro en sus primeras obras, inclinándose por la temática religiosa, pero su estancia en Italia le hace avanzar en su obra para abandonar el claroscuro y llenar de luz sus obras, lo que nos muestra un artista que no se queda estancado sino que busca nuevas formas de expresión, no solo en la técnica sino en la temática, donde se adentrará en la mitología realizando unas obras de los más interesantes.
Siempre se ha acusado a Ribera de ser un pintor de martirios y escenas de dolor, incluso en algunos casos de realizar pinturas desagradables como La Mujer Barbuda, pero nada más alejado de la realidad, Ribera también tiene un lado delicado y bucólico que podemos apreciar en obras como La Purísima que se conserva en la iglesia del mismo nombre en Salamanca o los paisajes napolitanos que se encuentran en la colección de pinturas de la Duquesa de Alba.
En la imagen de la derecha podemos ver una de sus obras más sociales, el Patizambo donde representa un niño pobre que pide limosna en las calles pero que nos muestra una gran sonrisa alegre pese a sus situación física y económica.

domingo, 9 de marzo de 2014

El pintor Bartolome Esteban Murillo para niños

Murillo puede sea el pintor más delicado de todo el barroco español. Era más joven que Velázquez o Zurbarán y los citamos porque al igual que estos maestros su formación tuvo lugar en Sevilla donde Murillo desarrolló su carrera artística con bastante éxito y múltiples encargos eclesiásticos.


Si por algo es conocido y llegó a hacerse famoso Bartolomé Esteban Murillo es por sus pinturas de la Virgen Inmaculada, una Virgen en pleno ascenso ayudada por varias figuras de angelitos, vestida con un traje blanco y un manto azul movidos por el viento y pisando la media luna en una tradición típica del catolicismo hispano. Varios ejemplos magníficos de este tipo de Virgen pueden contemplarse en el Museo de Bellas Arte de Sevilla
Pero Murillo no solo destaca por el mérito de su pintura religiosa, que es mucho, sino por la maestría que muestra en los últimos 20 años de su vida. Realizará varias escenas de tipo popular que nos muestran una nueva dimensión de un pintor que quiere salirse de su rol habitual para ofrecernos una visión nuevo de su quehacer pictórico. Nos referimos a pinturas como los Niños Comiendo Fruta o los Niños jugando a los Dados, Muchachos comiendo uvas; una manera de ver la realidad que elude lo trágico y busca el lado más amable de la realidad, iniciando un atisbo de crítica social que interpreta la vida callejera con una personalidad abierta, sin amargura ni dolor, pero denunciando al mismo tiempo ese tipo de situación.
Tengamos en cuenta la gran epidemia de peste negra que sufrió la ciudad de Sevilla en 1649 donde el 47% de la ciudad falleció, hablamos de una cifra de 60.000 muertos. Muchos niños quedaron huérfanos y en unas condiciones de vida que les conducía a sobrevivir de cualquier manera en la que fue una de las ciudades más populosas de Europa en esa época.
Podríamos citar como características de la pintura de Murillo su amabilidad en las escenas de tipo doméstico, la Sagrada Familia del Pajarito puede ser un buen ejemplo, la ternura familiar de comerciantes y banqueros, las escenas de tipo popular tan comunes en la pintura sevillana del siglo XVII, sus pilluelos callejeros jugando o comiendo. Es un gran pintor, sensible y refinado, sometido a la limitación de encargos eclesiales, sabe superar esa faceta para cultivar la pintura de género. Es junto a Velázquez el más moderno de los pintores de su siglo.
Sus obras se difundieron fuera de España siendo un artista español reconocido en Europa en su época, quizás el único junto a Diego Velázquez.


Y si lo prefieres en vídeo aquí lo tienes