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miércoles, 27 de abril de 2016

Cristo en casa de Marta y María de Diego Velázquez

El artista sevillano es uno de los grandes creadores de todos los tiempos, no solamente porque domina la técnica sino porque es capaz de innovar y no quedarse parado con lo que ya sabe hacer. Velázquez busca nuevos caminos para la pintura y experimenta con ella adelantándose a otros artistas, de manera que podemos observar algunas obras que tienen características del impresionismo, por citar alguno de ellos. Para aquellos que quieran conocer un poco más la biografía de Velázquez pueden seguir el enlace que adjuntamos. 


La pintura que hoy nos ocupa fue realizada durante su estancia en Sevilla anterior a su traslado a Madrid, se trata de una etapa de formación y consolidación de su arte y su forma de pintar, realizada junto al maestro Francisco Pacheco con el que trabajaba en su estudio y que fue quien le consiguió gracias a sus contactos su traslado a la corte en el año 1621.
No conocemos exactamente la fecha de realización pero podemos citar 1618 o 1619 como el año en que estaría realizado este cuadro.
Velázquez utiliza una técnica que ya había utilizado en otra de sus obras, La Mulata, se trata del cuadro dentro del cuadro, es decir en un mismo cuadro tenemos dos escenas diferentes pero conectadas entre si por alguno de los personajes que aparecen en el cuadro. Una ventana se abre en la parte derecha del cuadro donde podemos observar otra escena independiente de lo que sucede en primer plano.
La historia hace referencia a una visita que Cristo realizaría a la casa de Marta, María y su hermano Lázaro, que no aparece en la escena, pero lo citamos por la gran amistad que la familia tenía con Jesús y que sería el motivo de la visita del maestro a la casa. Mientras Marta prepara la comida, vemos como María extasiada, se encuentra escuchando las palabras que Jesucristo sentado le dirige. Tenemos una mujer mayor que nos sirve como enlace entre las dos escenas y que da impresión de estar reprochando a Marta mientras está en la cocina, que su hermana María no le ayuda en nada y que se dedica solo a escuchar las palabras de Jesús, mientras ella se encuentra trabajando. 
Junto a eso encontramos una de las características de Velázquez en esta época y es el tratamiento casi fotográfico que tienen los elementos del bodegón representados encima de la mesa, los huevos, los ajos, el pescado, el mortero que Marta tiene entre sus manos, son tan realistas que parecen casi de verdad. Incluso llegamos a ver un detalle de una pequeña jarra en la segunda escena apoyada encima de una pequeña mesa.
Este tipo de escenas dobles influirán mucho en otros artistas como Salvador Dalí que realizará algo parecido cuando pinte La Muchacha apoyada en la Ventana, obra del año 1925, poco antes de iniciar su etapa surrealista.

lunes, 30 de diciembre de 2013

La influencia de Velázquez sobre los pintores impresionistas

Velázquez no es solo un buen pintor, que domina la técnica y sabe representar los objetos y personas con suficiente realismo, sino que también es un artista que sabe adelantarse a lo que se hacía en su época, anunciando otros estilos artísticos que llegarán muchos años más tarde como ocurre con el impresionismo. Algo parecido le sucederá a Francisco de Goya que saliiéndose de la norma de sus coetáneos será capaz de anunciar con sus obras y concretamente con sus pinturas negras lo que después veremos en muchos cuadros expresionistas.
Velázquez realizó varios retratos de bufones durante su estancia en la corte, dotando a algunos de ellos de una dignidad que les había sido arrebatada debido a su condición física o mental. Él nos los muestra realizando actividades que nada tienen que ver son su función de divertimento cortesano sino, en ocasiones, enfrascados en tareas intelectuales que incluyen la lectura u otras actividades.
Pero en el caso que nos ocupa y que nos interesa está representado uno de estos bufones Pablo de Valladolid, el cual realmente parece estar posando para el pintor. Pero en esta obra no es importante el retrato, ni la forma de vestir, ni la actividad que realiza, ya que lo verdaderamente importante es la referencia espacial que tenemos en el cuadro, porque esta no existe, si nos fijamos no existe una línea que nos indique donde termina el suelo y donde comienza la pared, dando la sensación de que el pintor ha eliminado la tercera dimensión absteniéndose de representar la profundidad. Consciente de ello el propio Velázquez va a incluir en la obra la sombra de las piernas del bufón, que nos servirá como referencia espacial, para hacernos una idea de la que figura no esta flotando en el aire.



Algo parecido le sucede a Manet 200 años más tarde, cuando realiza su pintura que representa un flautista. Manet siempre estuvo muy atraído por la pintura española y concretamente por Velázquez y cuando realiza esta obra es bien seguro que tiene presente la realizada por el genio sevillano, ya que conocía la misma y las características técnicas y recursos que emplea son los mismos, ausencia de profundidad y referencia espacial y una ligera sombra en los pies que es la que nos ayuda a situarnos y crear una pequeña colocación de la figura del muchacho en el espacio.
Así que como ya hemos dicho mas de una ocasión, Velázquez no es solo buen pintor sino que es un artista que con esta obra o con los paisajes de la Villa Medici, sabe adelantarse a los pintores de su época para ir más allá, 200 años más allá.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Las Lanzas (rendición de Breda) de Velazquez explicado a los niños


La Rendición de Breda de de Diego Velázquez es un cuadro pintado tras su primer viaje a Italia (se puede consultar una biografía de Velazquez en este enlace) aproximadamente en el año 1634 y que actualmente se conserva en el Museo del Prado de Madrid.
Frente a otras obras pintadas por el artista esta trata un hecho histórico, la victoria de las tropas españolas sobre las holandesas en la ciudad de Breda
Resulta curiosa la disposición de los personajes, el personaje que entrega las llaves de la ciudad al militar español, trata de ponerse de rodillas para reconocer su derrota pero el español no se lo permite, poniéndole la mano en el hombro impidiéndoselo, con ello quiere reconocer que ha sido muy valiente y que ha luchado con dignidad pese a obtener una derrota.
Desde esa zona central que tiene forma de pentágono, se abre todo el paisaje que se va abriendo como en dos líneas diagonales que nos permiten ver los restos de la batalla, con las tropas, las banderas y el humo provocado por el enfrentamiento.
Vemos también que las líneas verticales que forman las lanzas y las lineas horizontales que forman por ejemplo las cabezas de los personajes o bien las distintas lineas de batalla o el cielo ayudan a configurar el cuadro.
Diferentes personajes están retratados en el cuadro, ademas de los centrales Justino de Nassau y Ambrosio de Spinola, se trata de personajes no identificados, excepto quizás un autorretrato de Velázquez (que como sabemos aparece retratado en otras obra como Las Meninas) en la parte derecha del cuadro al lado del caballo que nos da la espalda en un gesto típico del barroco, es curioso como Velázquez se representa en el bando de los vencedores y no en el de los vencidos.
También me gustaría llamar la atención sobre un color usado por Velazquez y no muy repetido en la historia del arte, pero que al maestro sevillano le encantaba en sus distintas tonalidades sobre todo en la etapa final de su vida, se trata del color rosa que podemos apreciar en las bandas que llevan algunos personajes del cuadro.

lunes, 26 de agosto de 2013

Los Borrachos o el Triunfo de Baco de Diego Velázquez



Vamos a tratar de explicar esta obra a los niños de forma fácil y sencilla para que todo el mundo pueda comprender su significado y sus características principales.
Debemos situarnos en el momento en el que se encuentra Velázquez cuando la realiza, estamos en el año 1628, el artista sevillano ha llegado hace poco tiempo a Madrid y se encuentra en la capital con que los reyes de la dinastía Austria tienen una amplia colección de pintura en la cual se incluye una gran cantidad de pintores italianos y flamencos. Observando esos cuadros Velázquez entra en contacto con una nueva temática hasta entonces ajena a sus pinturas, abandona lo religioso y lo costumbrista y como podemos observar se decanta por un tema mitológico, Baco, dios del vino, se encuentra colocando una corona de laurel, símbolo de triunfo, en la cabeza de uno de los borrachos, acompañado de otros personajes que parecen festejar el evento ingiriendo grandes dosis de alcohol en su cuerpo. La temática mitológica era ajena al arte español y había sido levemente tratada por otros artistas.
Otra de las características es que Velázquez comienza a poner interés en el cuerpo desnudo, cosa que hasta ese momento no había prestado atención y que se acentuará tras su primer viaje a Italia que realiza un año después. Así podemos observar como el dios Baco nos muestra su torso, al igual que el personaje que se encuentra detrás de él. Esa apoteosis del desnudo culmina con el primer cuadro español en el que se muestra un desnudo integral, La Venus del Espejo, algo tan ajeno a la pintura española que por eso Velázquez es el primero.
En su etapa sevillana, como habíamos visto en obras como La Adoración de los Reyes Magos, el claroscuro en las obras de Velázquez era muy importante, pero vemos que poco a poco en Madrid va abandonando esta tendencia, aunque no del todo, todavía hay un foco de luz desde la izquierda que ilumina principalmente el cuerpo del dios Baco y el resto tiene menos luz, pero vemos un intento porque exista una iluminación general el cuadro, intentando mostrar el paisaje del fondo, cosa que en sus cuadros sevillanos era imposible de encontrar y a veces de distinguir por influencia de la luz.
Por último hay dos características interesantes, por un lado las personas que acompañan al dios Baco son personajes populares, parecen sacados de una taberna y que han servido de modelo al artista tras tomar unos vasos de vino para obtener esos coloretes en la cara. En segundo lugar Velázquez mantiene un tratamiento hiperrealista de los objetos en sus cuadros, por ejemplo los vasos y jarras de cerámicas que sostienen los borrachos o el tratamiento del cristal que hay a los pies del dios Baco, este tratamiento de los objetos no le abandona en toda su larga vida pictórica.