martes, 27 de mayo de 2014

La revolución de Marcel Duchamp al llevar un urinario al Museo

Nuestra historia comienza en el año 1917, cuando uno de los mas destacados dadaistas, Marcel Duchamp se le ocurre participar en una exposición donde se anunciaba que ninguna de las obras presentadas sería rechazada.
Así que Duchamp, el cual hemos estudiado en la principales características del dadaismo,  vió su oportunidad y no se le ocurrió otra cosa que presentar un urinario a la exposición firmado por R Mutt, un seudónimo para que no le descubrieran que alude al fabricante de la pieza. El artista formaba parte del comité de la exposición y quería observar la reacción de los presentes ante la obra.
Este hecho lo conocemos como un readymade, si tenemos que definir la palabra readymade podemos decir que consiste en descontextualizar cualquier objeto para convertirlo en una obra de arte, se trata de objetos de uso diario que no se consideran artísticos, pero que por el simple hecho de situarse en un museo pasan a serlo. La obra llevaba el título de La Fuente y no llegó a poder exhibirse porque la junta se opuso a ello, el original se ha perdido, aunque el artista realizó varias copias.
Este hecho, esta acción, mas que la obra de arte en si, se considera de gran importancia en el devenir artístico del siglo XX y cambia la percepción que artistas y público tenían de la belleza estética. A partir de este momento, cualquier cosa, cualquier objeto es susceptible de ser transformado en obra artística, solo por el simple hecho de que se expone en las salas de un museo. A ello se suma la idea de provocación, de reacción ante la obra de arte, de gran influencia durante el dadaismo y obras posteriores a los años 60, donde tras la revolución de 1968 se retoma la idea.
Todo ello nos lleva a cuestionarnos que es el arte y sobre todo si todo es válido en el arte contemporáneo, porque a veces da la impresión de que podemos justificar cualquier cosa, el museo lo sanciona y el crítico de arte lo valida, cuando en realidad la obra artística es algo más que un objeto de uso cotidiano expuesto con una excelente luz en una sala de un Centro de Arte. Aunque claro, como indica el profesor Castro Florez, vivimos en una época en la que tras escuchar las noticias que nos vende la televisión es complicado indignarse ante una obra de arte. La obra maestra, la belleza en el arte, se ha transformado como dice el filósofo Enrico Baj en algo sórdido, patético y completamente ridículo. Corremos, añade Castro Florez, sin movernos a ningún sitio, cuestinándonos a veces lo incuestionable y somos capaces de convertir en religión que Forrest Gump pise una mierda mientras esta corriendo. ¿Porque corres? le preguntan en la película. "Me apetecía" es la respuesta. Nos cuestionamos cualquier cosa y buscamos algo siniestro que ayude a mantener la tensión en la que vivimos debido al miedo a lo diferente.
Piero Manzoni. Mierda de artista 1961
Vivimos en usa sociedad consumista, ávida de novedades que duran un solo instante y son sustituidas por otras que tiene lugar en los siguientes 30 minutos, donde no sabemos si las propuestas estéticas tienen lugar (Fernando Torres Rodríguez en su libro Hacia la Madurez de la Modernidad afirma que en una sociedad como la nuestra donde las novedades intentan atraer al aficionado al arte contemporáneo para justificar grandes inversiones (grandes instalaciones) tiene cabida propuestas que desde la experimentación del siglo pasado apostaran por profundizar en ella desligándose de la inmediatez del comercio).
Quizás el arte en el mundo actual ha sido sustituido por el yo y la obra deja de tener importancia frente al nombre del artista y su valoración el mercado ("se ha producido una pérdida del arte como forma de ganarse la vida pasando a convertirse en una reivindicación del yo creador, del superyo" Fernando Torres Opus Cit). El artista consagrado es más importante que la obra que presenta, lo cual produce un arte desvirtuado y decadente, que se mueve solo por el consumo desaforado y un rebaño que valora más los nombres que las obras. Junto a ellos una crítica de arte que ha dejado de criticar para pasar a justificar cualquier cosa, atenazados bajo un cúmulo de intereses que les vincula con todos los estamentos del arte.

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